domingo, 18 de junio de 2017

El Proyecto

Mi mujer era mi obsesión, ella era mi alma gemela, me completaba y sentía que sin ella mi mundo se derrumbaría. Cuando esa terrible enfermedad se la llevó, perdí la fe en todas las cosas. Ya nada me satisfacía, nada me llenaba. La pena se hundía en lo más profundo de mi corazón y allí me desgarraba.
En la oscuridad y la desesperación, una idea surgió en mi mente. No iba resignarme a su partida, si los dioses habían decidido arrebatármela, yo sería mi propio dios.

Empecé mi proyecto, empecé a construir, pero a medida que avanzaba me di cuenta de que necesitaba ayuda. Puse un anuncio y esperé a que los primeros candidatos aparecieran:
Imagen sacada de: mx.tuhistory.com
—Aquí dice que sois expertos en mecánica — le digo al primer candidato — ¿Habéis trabajado antes en algún proyecto similar?
—No, pero he estado trabajando con turbinas de nave Tieforce One y estuve en un proyecto de minas vorg.
—Ya veo, gracias, ya le llamaremos — digo al ver con decepción su currículum.
—Pero si…
—Gracias — contesto categóricamente — ya le llamaremos.
El desconcertado candidato sale por la puerta un poco decepcionado y nada más salir, entra una enérgica chica de unos ventipocos años.
—Uff perdone el retraso señor Caljun — me dice.
—¿Quién es usted?
—Soy la candidata al puesto de ayudante — contesta como si fuera lo más obvio del mundo — Rousi More, hemos hablado esta mañana.
La miro confundido, Rousi More no encaja en el perfil que he estado viendo a lo largo de las entrevistas. Generalmente se han presentado chicos con traje y corbata, demasiado refinados y demasiado comunes, pero Rousi es diferente, tiene una camiseta de dibujos y una falda demasiado corta para ser apropiada, su estilo infantil recalca aún más su corta edad.
—Bien, señorita More, siéntese, ¿tiene su currículum a mano? — pregunto intentando parecer profesional.
Ella me da sus referencias y me sorprendo de la corta experiencia laboral que tiene, a pesar de ello, no deja de defender sus aptitudes para el puesto.
—Por lo que veo nunca ha trabajado en este sector…
—No, pero mi padre era mecánico y yo le solía ayudar en la tienda, sé mucho más de lo que parece.
Me fijo en su rostro despreocupado, sus pecas y su media sonrisa oculta tras una mirada sombría. Hay algo en sus ojos, algo que me recuerda a mi dolor, algo que me hace aceptar su candidatura y empezar a trabajar con ella.
Su forma de trabajar tan contraria a la mía, empieza a crispar cuando veo un montón de restos de comida alrededor de su mesa de trabajo.
—¿Qué es todo esto? — pregunto enfado.
—Perdona, ayer me tiré toda la noche trabajando en el software basándome en los datos que me has dado y puede que pidiera un poco de pizza para cenar.
—¿Y estas chuches?
—¿Qué es una pizza sin chuches? — contesta sorbiendo de su refresco carente de líquido.
—Arregla tu lugar de trabajo — le ordeno nervioso.
Me pongo a trabajar en mi lado del despacho e intento no mirar la pila de bolsas de patatas fritas y restos de café de la rebosante papelera. Por algún extraño motivo, Rousi, ajena a la suciedad deja de trabajar y me mira.
Deduzco por su expresión que quiere preguntarme algo, pero no sabe cómo hacerlo.
—¿Por qué lo hace? — me pregunta.
—¿El qué?
—Esto — dice señalando nuestro proyecto.
—Porque no puedo vivir sin ella. Lo entenderías si te hubieras enamorado alguna vez — contesto aún enfadado por la suciedad — pero claro, los jóvenes de hoy en día no sabéis lo que es el amor.
—Sí que me he enamorado, de hecho sé más del amor de lo que se imagina. Sé lo que se siente cuando ves a esa persona, cómo se te acelera el corazón y cómo esperas su sonrisa por la mañana aunque en el fondo sepas que no te la va a devolver, ya que su corazón pertenece a otra persona — unas lágrimas empiezan a aparecer en su rostro y mi sorpresa me hace prestarla toda mi atención — Intentas por todos los medios hacer feliz a esa persona, porque sabes que está pasando por un mal momento. Aguantas sus malas caras y su desprecio y lo justificas. Sí, sé lo que es el amor, señor Caljun, la pregunta es si lo sabe usted.
Tras sus palabras, coge su cartera y sale corriendo por la puerta. Sé que le he hecho daño y aunque corro tras ella gritando su nombre ella no me escucha, tan solo desaparece tras la esquina más próxima.
Dado que mi proyecto está próximo de finalizar, decido terminarlo solo. Conecto los cables y contemplo orgulloso mi obra. El cuerpo robótico de mi difunta mujer cobra vida, es un robot, pero para mí es mucho más. Ella me mira al despertarse y me sonríe tal y como recordaba.
—Eres tú — me dice.
—Sí, soy yo mi vida — digo con lágrimas en los ojos.
Su aspecto imita a la perfección el de mi mujer y sus recuerdos, sus pensamientos, son un conjunto de datos metidos en una pequeña placa base.
—Pero si estoy muerta, ¿cómo es posible que esté aquí? — pregunta preocupada.
—Yo te he revivido, te he devuelto a la vida mi amor.
—¿Por qué?
—Porque no puedo vivir sin ti
—Nuestras vidas no nos pertenecen, de las cosas buenas, de las cosas malas, de todas se aprenden. El destino nos conduce por los ríos del crecimiento y todos desembocan en el mar de la sabiduría. Debes dejarme marchar, debes volver a amar y sobretodo te debes perdonar.
La energía se apaga y sus ojos se ensombrecen, mi paralizado proyecto descubre una verdad. Mi amor por mi mujer se apaga igual que el robot que diseñé como ella y otro sentimiento que creía dormido aparece por otra persona. Estoy enamorado de Rousi More.






Si te ha gustado…

Lo que no te mata te hace más fuerte y aunque sientas que tu mundo se desmorona, solo tú puedes hacer que cambie. Esta historia romántica también se puede traspasar a cualquier plano de la vida. Nunca creas que no puedes vivir sin algo, siempre hay otras opciones que te pueden hacer cambiar de opinión, depender de algo o de alguien puede volverte loco si lo pierdes.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.formulaenlosnegocios.com.mx

domingo, 11 de junio de 2017

El Virus

Fui de los últimos en comprarme una casa inteligente, el principal motivo fue porque en mi trabajo, estoy acostumbrado a ver las consecuencias de vivir en una casa donde todo está conectado.
Cuando la domótica se puso de moda, las casas normales y corrientes fueron desapareciendo. Tener una casa donde presumir de encender las luces con una palmada, que se active la música cuando estás en la ducha o subir las persianas con solo darle a un botón, era el colmo de la modernidad.

Poco a poco, mis vecinos se fueron mudando hasta que solo quedé yo en el edificio. Me tocó vender, para remodelar la casa de manera inteligente, tal y como quería el dueño. La casa en la que vivo ahora ha perdido la personalidad que tenía la antigua. Sin embargo, he de admitir que entiendo por qué la gente adora la domótica. Resulta muy cómodo poder cambiar de canal sin tener que levantarte a coger el mando distancia.
Imagen sacada de: www.nubit.es
Aunque también tiene sus desventajas, el que la nevera me avise cada dos por tres que no tiene leche, no es muy cómodo y más cuando a lo mejor tengo leche en la despensa que no quiero meter aún en el frigorífico.
Por otra parte, no cabe duda que el mayor problema de la domótica lo estoy viendo en el trabajo:
—¿Qué ha pasado? — pregunto al llegar a la comisaría.
—Una mujer ha venido a pedir una orden de alejamiento contra su ex-novio — me contesta el agente Díaz.
—¿Por qué motivo?
—Al parecer su ex-novio hackeó su casa y la acosaba constantemente, llegando incluso a hacerla una foto en la ducha a través de la radio de música de su servicio y colgando dicha foto en internet.
—¿Otro domocrimen? — pregunto poniendo los ojos en blanco.
—Eso parece, señor
—Muy bien, encárgate tú, agente Díaz.
—Sí, señor.
Entro en mi despacho y no tengo tiempo de quitarme el abrigo, unos hombres uniformados me estaban esperando.
—Caballeros — digo para llamar su atención.
Los dos hombres perfectamente vestidos con uniforme militar me saludan nada más verme.
—¿Agente Roberto Salas? — me pregunta uno de ellos.
—El mismo — confirmo mi identidad.
—Tiene que acompañarnos, señor
—¿Mi país me necesita? — intento bromear.
—Algo así.
La sorpresa me nubla el rostro, ¿qué pueden querer de mí unos militares como ellos? Decido obedecerles sin hacer más preguntas y ellos me llevan hasta el cuartel General, donde me explican la situación.
—Soy el General García — se presenta el superior — le hemos escogido porque es el que más sabe sobre la problemática de la domótica en nuestro país. Necesitamos que nos ayude con un problema que tenemos entre manos.
—¿De qué se trata? — pregunto incrédulo.
—Como ya sabrá, los ataques informáticos entre países se incrementan cada año, esto es básicamente una forma de probarse los unos a los otros, para saber qué debilidades y fortalezas pueden tener nuestros enemigos.
—Eso es cierto.
—Bueno, pues tenemos la teoría de que ahora mismo uno de esos países intenta atentar contra el nuestro y lo hará a través de la domótica.
—¿La domótica, señor? ¿Cómo?
—Toda la domótica está unida a internet, si hay un fallo informático, algo como un virus, afectará no solo a nuestros ordenadores, sino también a todas nuestras casas, dejándonos incomunicados. ¿Se acuerda de aquel fallo de electricidad a nivel general en Madrid?
—¿El de hace un par de meses? Sí, claro, hubo incluso un pequeño baby bom aquella noche.
—Pues digamos que ese ataque no fue algo inusual, fue planeado.
Los teléfonos empiezan a sonar y la gente nerviosa se mueve de un lado a otro, como si algo les asustara. La sala de mando está llena de ordenadores y en ellos puede verse un mapa geográfico de nuestro país lleno de puntos rojos que se multiplican a cada minuto que pasa.
—¿Qué está pasando? — pregunto al General alertado.
Uno de los soldados de los ordenadores se acerca al General aún con los cascos puestos:
—General, está pasando — le informa
—¿Daños? — pregunta el General.
—Por ahora la mitad el país y aumentando.
—¡Señor! — grita otro soldado desde su escritorio — ¡Me informan que el ejército enemigo está a nuestras puertas! ¡Acaban de entrar al país!
—¿Quién? — pregunto incrédulo — ¿quién nos invade?
—La Unión Asiática — me informa el General.
Las luces se apagan justo en ese momento y los ordenadores se nublan. El virus informático nos ha alcanzado. Las puertas de las casas se cierran automáticamente e impiden a la mayoría de los ciudadanos huir. Los coches no arrancan, las tiendas están cerradas y todos aquellos objetos cuyo funcionamiento está unido a internet se para.
La Unión Asiática apenas obtiene resistencia, la invasión se hace total.









Si te ha gustado…

He escrito este relato pensando en el suceso que ha pasado hace unas semanas, en el que internet cayó por un ataque informático. Se me ha ocurrido pensar en qué pasaría si todo lo que nos rodea estuviera conectado a internet: las casas inteligentes, los coches…
Con un simple ataque informático todo podría terminarse y sería una buena forma para acabar con un país y someterlo de la manera menos indolora posible.
Esta historia es un relato de ciencia ficción, ¿verdad?
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!
Imagen sacada de: jupersl.com

domingo, 28 de mayo de 2017

La Cápsula Espacial

Todo comenzó al detectarse la aparición de un objeto no identificado cerca del planeta. Nuestra nave, Interceptor, fue la elegida para acercarse al objeto y averiguar su propósito. Ahora nos encontramos a pocos metros del extraño objeto, que en la soledad del espacio nos mira amenazante:
—Parece un satélite — comenta nuestro ingeniero espacial Walter Gigins
—Sea lo que sea, lo averiguaremos — responde el capitán.
En la sala de mando todo el mundo está nervioso, nuestra misión es la de interceptar el objeto y si es hostil, acabar con él antes de que ataque a la Tierra.

—Capitán — llama la técnico en comunicaciones Katia Petrov — estoy recibiendo una transmisión.
Imagen sacada de: www.mundoesotericoparanormal.com
Petrov enciende el altavoz y resuena una voz en la sala, son sonidos extraños, casi guturales, pero todos entendemos lo que significa. Es la voz de un alienígena.
—Y hay más — prosigue Katia — me están llegando imágenes y vídeos. Provienen de su nave.
—Descodifíquelo, veamos que nos quieren decir estos seres.
Mientras todos están preocupados en la transmisión extraterrestre, yo me centro en la nave, algo no encaja. Realizo escáneres infrarrojos y otros estudios similares y descubro algo importante:
—Capitán — anuncio — la nave no tiene ningún tripulante, es una especie de satélite o sonda espacial.
—Ya veo — contesta nuestro preocupado jefe mirando por el cristal — convoca una reunión, necesitamos hablar de esto con la Tierra y ver nuestras opciones.
—Recibido — respondo.
Dos horas más tarde nos reunimos todo el alto mando en nuestra sala de reuniones y allí esperamos la respuesta de la Tierra.
—Buenas tardes capitán Hayashi — nos saluda el presidente — ¿tiene noticias para nosotros?
—Lo cierto es que sí, señor — responde el capitán — hemos descubierto que la nave no tiene tripulación, según nuestra ingeniera Sandra Duque, podría tratarse de algún tipo de satélite o sonda espacial. Por otro lado, hemos recibido una transmisión del objeto no identificado, nuestra técnico en comunicaciones ha conseguido descifrar parte de la transmisión, me gustaría que la vierais.
Hayashi enciende el vídeo y todos vemos el contenido de la sonda alienígena. Se trata de un mensaje en el que nos explican su cultura, su estructura y su mundo.
Los alienígenas no son muy diferentes a nosotros, son bípedos y de largos brazos. Respiran dióxido de carbono y viven en una comunidad jerarquizada. Tienen ciertas diferencias con nosotros, pero parecen tener unos valores similares a los nuestros.
Termina el vídeo y todo el mundo contiene la respiración. Nadie puede creerse lo que acaban de ver, nuestro primer contacto extraterrestre acaba de tener lugar por fin.
—¿Qué cree que puede significar? — pregunta el capitán.
—Es un mensaje de paz, no cabe duda capitán Hayashi — responde el presidente — ¿Se acuerda del 77? La Voyager 1 fue lanzada al espacio con un objetivo similar al de esta sonda alienígena, tal vez incluso ellos hayan interceptado nuestra sonda y nos la hayan devuelto con sus propios datos.
—¿Cree que como nosotros mandamos un saludo con nuestra Voyager 1 ellos nos devuelven el saludo con esta sonda? — pregunta el capitán
—¡Sin duda! ¡Este es nuestro primer contacto extraterrestre! — contesta emocionado el presidente.
—Pero, espere un segundo señor presidente — intervengo — no tenemos ninguna prueba de que estos seres vayan en son de paz, simplemente hemos recibido una transmisión, que además me gustaría remarcar, no hemos terminado de descifrar. Aún queda parte del mensaje por descubrir. No deberíamos tomar ninguna decisión precipitada antes de saber qué más dice la transmisión.
—Estoy de acuerdo — responde el presidente — no obstante, estoy casi seguro de que ese mensaje no es hostil. Siga informándome de sus progresos capitán Hayashi y no tome ninguna decisión sin comunicármela a mí.
—Sí, señor presidente — contesta mi jefe.
La conexión se termina y nos quedamos en silencio, pensando en lo que acabamos de ver. Pronto todos salen de la sala y vuelven a sus puestos, pero yo me quedo, al igual que el capitán.
—¿Por qué crees que ese mensaje alienígena es hostil? — me pregunta el capitán una vez solos.
—Hay muchas razones, tal vez descubrieron nuestra sonda y la interpretaron de otra manera o tal vez sea una especie de sonda espía y nos estén observando ahora mismo para ver cómo reaccionamos.
En ese momento irrumpe en la habitación Katia, con un ordenador en la mano y una cara tan pálida como el papel.
—Capitán, he descifrado el código, tenemos un problema
Conecta el ordenador a la pantalla donde antes estaba el presidente y vemos con horror a lo que se refería Katia. Una mujer alienígena se presenta en la pantalla y sonriente nos responde a todas las dudas que teníamos:
Vuestra sociedad es lo suficientemente avanzada como para descifrar este mensaje, vuestra sociedad debe morir
—¿Por qué? — pregunta aterrado el capitán.
A pesar de ser un video y no una conversación en directo con la alienígena, la extraterrestre nos contesta con la misma sonrisa de antes:
No podemos permitir que una raza tan evolucionada como la nuestra tenga la oportunidad de atacarnos, nosotros seremos la única raza evolucionada del universo. Vuestra cuenta atrás comienza ahora: 20, 19, 18…
El contador sigue sumando y nuestro capitán toma la única decisión posible:
—Alejar la sonda alienígena de la Tierra, nos llevaremos a ese monstruo lo más lejos de nuestro hogar.
—Pero, señor, ¿y nosotros? — pregunta blanca Katia.
—Cumpliremos con nuestro deber.










Si te ha gustado…

Para escribir esta historia me he inspirado en un capítulo de Star Trek que hablaba de este mismo tema y en Pixels y su malentendido de la Voyager.
La Voyager 1 es una sonda espacial real, que se mandó al espacio el 5 de Septiembre de 1977, dentro lleva datos de la humanidad, nuestra cultura y nuestra filosofía. Un grave error a mi modo de ver, ya que no sabemos cómo interpretarán los aliens nuestro mensaje y no me parece una buena idea decirle nuestros puntos débiles a nuestros posibles enemigos.
Con este relato he querido darle la vuelta a la historia y que seamos nosotros los que recibimos ese “mensaje de paz”. La moraleja de esta historia es tan simple como la frase: “Por la caridad entra la peste”.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: en.wikipedia.org

domingo, 21 de mayo de 2017

Invisible

Hace ya una semana desde que murió esa chica, yo no la conocía, pero por la cantidad de pancartas y lloros por los pasillos, debía de ser una chica muy popular. Ignoro a la gente y ellos me ignoran a mí. Si esa chica hubiera sido invisible como yo, tal vez no hubiera acabado así.

Mi único propósito ahora mismo es asistir a las clases, estudiar y aprobar el curso. En mis planes no entra hacer amigos y menos si las opciones de amigos que hay son los de este odioso instituto. Esa chica se suicidó por un motivo y aunque ahora los estudiantes lloren su muerte, son tan culpables como el orientador, que pudiendo ayudarla se lavó las manos.
Imagen sacada de: www.gortanonline.org
La clase de comunicación está a punto de empezar, así que cierro mi taquilla y entro en la clase, ocupando como siempre mi sitio al fondo de la habitación.
—Hoy toca hablar de una tragedia — dice la profesora
Tal y como me imaginaba, el tema estrella de la clase va a ser la desgraciada muerte de la alumna desconocida.
—Ha pasado ya una semana de la muerte de Hannah y me gustaría saber cómo os sentís. — prosigue
—¿Podemos cambiar ya de ese tema? — salta Praters — ha pasado ya una semana, va siendo hora de superarlo, ¿no?
—¡Praters! — saltan algunos compañeros molestos
—Praters que tú no conocieras a Hannah, que no la trataras mucho, no quiere decir que los demás no lo hicieran — contesta la profesora
—Yo creo que deberíamos mirarnos a nosotros mismos y pensar qué hemos hecho mal — interviene Clay — porque está claro que no estamos poniendo demasiado de nuestra parte para que esto no vuelva a ocurrir.
—Sí, esa es una idea interesante Clay, ¿alguna opinión al respecto?
—Yo creo que si Hannah había decidido suicidarse no podíamos hacer nada para hacerla cambiar de opinión. — responde otro alumno.
Algo capta mi atención, una sombra me observa desde el cristal de la puerta y desaparece nada más mirarla. Tengo esa sensación, esa sensación cuando alguien no te quita los ojos de encima. Necesito salir de clase, respirar.
Dudo si levantarme del asiento o no. Si lo hago lo más probable es que la profesora me eche la bronca, pero si no lo hago me va a dar un ataque de ansiedad. Decido romper con las normas y salgo corriendo hacia la puerta, sorprendentemente la profesora no me dice nada, supongo porque ha tenido que ver en mi rostro que lo necesitaba.
El pasillo está vacío, todo el mundo está en clase. Rodeo la clase y me dirijo al baño, nada más hacerlo todas las taquillas de los alumnos se abren misteriosamente. El miedo hace que mi corazón lata a gran velocidad, casi tanto como las taquillas abrirse y cerrarse solas.
Miro a mi alrededor y me sorprendo al ver que nadie sale de clase para ver qué ocurre, a pesar del estruendoso sonido de las puertas de las taquillas chocando con el armario metálico. Salgo corriendo y me paro en seco al ver la taquilla que era de Hannah, la alumna muerta, está en llamas, ardiendo como si hubiera algo maldito en ella.
Me meto en los lavabos de chicas y cierro la puerta como si eso evitara entrar el miedo que me recorre el cuerpo. Cojo aire y lo suelto por la boca con la esperanza de que eso calme mis nervios. ¿Qué ha pasado? ¿Lo que he visto era real?
Tal vez el estrés por los exámenes finales me esté llevando a tener alucinaciones extrañas. La muerte de Hannah también puede que esté afectando a la ecuación, pero sobretodo tiene que ser por los exámenes.
Un charco de sangre sale de uno de los retretes y se extiende por todo el baño, quiero creer que es otra alucinación, pero entonces veo a la sombra que me persigue. Parece un hombre encapuchado y aunque no puedo ver su cara, sé que me está mirando.
No puedo pronunciar palabra alguna, el shock me paraliza y aunque mi mente ordena a mi cuerpo moverse, éste es incapaz de hacerlo. El hombre de negro se acerca y la sangre del suelo sigue sus pasos, como si fuera una alfombra roja.
Tras muchos intentos consigo que mi cuerpo se mueva y salgo del baño corriendo hacia ninguna parte, sé que la sombra me sigue, a pesar de no haber mirado atrás ni una vez, porque todavía puedo oler su olor a putrefacción.
Llego al gimnasio y se me para en seco el corazón al ver el cuerpo inerte de Hannah flotando en medio de la piscina. Siento el aliento del monstruo a mis espaldas y al girarme lo veo allí, del susto estoy a punto de caerme a la piscina, pero alguien me sujeta, es Hannah.
—Deja de huir — me dice Hannah
—Estás muerta — consigo pronunciar.
—No, lo estás tú
—¿Qué quieres decir? — pregunto aterrada.
—Vete con él, debes irte — me dice señalando al hombre encapuchado que me observa.
—¿Quién es? ¿Por qué? — pregunto paralizada
—Porque es tu destino — contesta señalándome el agua.
Miro las claras aguas de la piscina tal y como me lo ha pedido Hannah y descubro horrorizada una verdad inimaginable.
—¿Qué es esto? ¡No puede ser! — digo tocándome la cara sin todavía creérmelo.
—Tu eres Hannah — me contesta la alumna muerta.
—Pero, entonces, ¿quién eres tú?
—Tan solo un reflejo de ti — contesta con una sonrisa — ve con él, no tengas miedo.
El monstruo extiende su putrefacta mano y me pide con la cabeza que le siga, entonces me fijo en que en su otra mano lleva una guadaña e inmediatamente entiendo el quién, el cómo y el por qué. Le ofrezco mi mano y ambos desaparecemos, desconozco el destino, pero ¿alguien lo sabe?








Si te ha gustado…

Este relato participa en el ejercicio de “La Cosa” de La Nave Sonda (@LaNaveSonda). No es un relato de ciencia ficción como los que suelo publicar, sin embargo contiene las pautas que el ejercicio establece.
Por si no te habías dado cuenta, este relato está inspirado en la serie “Por 13 Razones”, una serie que he visto este mes y que me ha parecido interesante. Yo he querido ver “El mundo del Revés” (si es una referencia a Stranger Things) de esta famosa serie y ver dónde estaría Hannah tras su muerte. Para hacerlo, también me he guiado por la famosa película “El Sexto Sentido” y de esta forma, crear un poco de sorpresa al final.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: cinemania.elmundo.es

domingo, 14 de mayo de 2017

El Exterior

No importa que el mundo sea enorme si no podemos salir de una pequeña parte de él. Vivimos encerrados en una ciudad rodeada por grandes muros de hormigón, ¿el motivo? Hace unos años un virus se propagó por todo el mundo, haciendo que las personas perdieran su identidad y buscaran como único objetivo comerse a los no - infectados.

El muro de la ciudad nos protege de los no – muertos del exterior. Sin embargo, para mí, este muro, esta ciudad, se me está quedando pequeña. Necesito ver más, explorar y probarme a mí misma. Por eso, he decidido unirme a la guardia del muro, mi trabajo consiste en pasearme de un lado al otro de la ciudad, por encima del muro y asegurarme de que ninguna criatura intenta entrar en nuestro oasis de humanidad.
Imagen sacada de: ciracrespo.com
Voy a hacer mi primera guardia esta noche y estoy ansiosa por ver el exterior. Subo el muro por la torre del ayuntamiento, son las siete de la tarde y aún hay suficiente luz para descubrir que como es el paisaje al otro lado.
—¿Nerviosa? — me pregunta mi jefe mientras subimos.
—Un poco — contesto con timidez.
—No te preocupes, no se verá nada, tan solo bosque. Pasaremos la guardia juntos, toda la noche, no tienes por qué tener miedo.
—De acuerdo.
Llegamos a la cima del muro y no puedo creer lo que ven mis ojos. Un frondoso bosque se extiende hasta dónde alcanza la vista. Aunque me esperaba ver ruinas, tierra quemada y cadáveres por todas partes, solo veo pájaros cantando, riachuelos de agua clara y árboles llenos de frutos.
—No es como me lo imaginaba — confieso.
—Nunca lo es.
Empezamos nuestro turno, reemplazando a los cansados guardias de la tarde y nos ponemos a pasear rodeando la ciudad. El sol se esconde y la noche llega. El frío arrecia y se hace imprescindible moverse para mantener el calor.
No dejo de mirar el exterior y preguntarme dónde estarán las criaturas. ¿Estarán escondidas entre la maleza? ¿Observándonos?
El mover de unas hojas en un árbol cercano hace que me pare en seco.
—¿Qué pasa? ¿Has visto algo? — me pregunta mi compañero.
Me acerco a la barandilla del muro y sin decir nada observo con atención. Las hojas vuelven a moverse y entre ellas puedo vislumbrar una figura. Hay alguien ahí.
El susto por ver a una figura mirándome hace que me resbale y me caiga del muro. Grito aterrada del pánico, una caída de diez metros me espera.
—¡Alba no! — grita mi compañero al verme caer.
Una rama incrustada en la superficie del muro me salva, me aferro a ella como un bote salvavidas y miro hacia abajo. Quedan pocos metros para llegar al suelo.
—¡Alba aguanta! ¡aguanta ahí voy a por una cuerda! — grita mi compañero desde arriba.
Mis manos me sudan y cuanto más nerviosa estoy, más escurridizas se vuelven.
—¡No podré aguantar mucho más! — grito desesperada.
Sin embargo mi compañero no está, estoy sola en la oscuridad. Miro al suelo y evalúo mi situación, si cayera me rompería algún hueso, pero no moriría.
Mi compañero vuelve a aparecer con una cuerda, pero ya es tarde, la rama me suelta y yo caigo. El dolor me recorre el cuerpo desde los pies hasta la cabeza, me he roto una pierna.
—¡Noo! — grita mi compañero — ¡Agárrate a la cuerda, te subiré! — dice dejando caer poco a poco el trozo de cuerda.
Una sombra se mueve enfrente de mí, las criaturas se han sentido atraídas por la sangre. Asustada, saco de mi cinturón un cuchillo, la única arma que tengo.
La sombra sale a la luz y para mi sorpresa no es como me esperaba. Es una humana, normal y corriente, pero con ropa primitiva, hecha con hojas y tierra. Me mira con curiosidad y a la vez con miedo.
—Eres humana — susurro aterrada.
—Lo soy — contesta
—¿Cómo es posible?
—Hace mucho tiempo una enfermedad nos invadió a todos, nos convertimos en caníbales sin sentimientos ni razón, pero ha pasado mucho desde entonces. Los que no estaban enfermos se encerraron en esa ciudad y crearon un muro alrededor. Pasó el tiempo y sin saber por qué, nos curamos, volvimos a ser los humanos que éramos antes y quisimos reunirnos con vosotros, pero vuestro líder, el General Recio nos lo impidió.
—¿Por qué?
—Eso tendrás que preguntárselo a él.
La cuerda de mi compañero consigue llegar hasta mis pies y con mucho esfuerzo escalo. Nada más llegar arriba del muro le pido a mi camarada que me lleve ante el General Recio y a pesar de tener que pedirle a sus guardias que le despierten, me presento ante él:
—General Recio — le saludo
—Me han dicho mis guardias que has visto a alguien afuera.
—Así es, señor, una mujer me habló, me ha dicho que su pueblo ha superado la enfermedad que ya no tienen el virus y que quieren regresar con nosotros.
—¿Le has contado a alguien más tu descubrimiento?
—Tan solo a usted — contesto.
—Bien hecho — dice sirviéndose una copa de un líquido marrón.
De pronto me ataca con un cuchillo que no le he visto coger y yo me defiendo. Consigo esquivar el filo de su hoja y le miro atónita. Mi adiestramiento me hace reaccionar. Consigo quitarle el cuchillo y antes de que me dé cuenta se lo clavo en la garganta. Ha sido rápido, pero a pesar del miedo que siento, sé que ha sido lo correcto.
El General Recio no quería que los demás supieran que ya no hay virus, porque eso conllevaría que se tuvieran que abrir las puertas de la ciudad, que su mundo y su control desaparecerían y que el nuevo mundo nos esperaría con sorpresas inesperadas.









Si te ha gustado…

Para escribir esta historia me he inspirado un poco en Divergente y su mundo rodeado de muros y en La Fuga de Logan, una peli antigua cuya moraleja es similar a la mía.
La conclusión de este relato es simple, hay gente que ansía el poder y que están dispuestos a ocultar la verdad con tal de seguir mandando, pero eso también nos impide avanzar, por lo que tenemos que tener cuidado en quién confiamos.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: relatosdelbaul.wordpress.com

domingo, 7 de mayo de 2017

Spero

De la nada nace el silencio y del silencio el temor. Somos nueve tripulantes, todos en estado de hibernación, todos, menos uno. Un vigilante. Así se acordó antes de nuestra partida. ¿Nuestra misión? Ir en busca de suministros, comida y todo lo que nuestra colonia necesita.
Nuestra nave tiene que hacer un largo recorrido y por desgracia siempre tiene que haber alguien tripulando y vigilando para que todo siga en orden. Por ello se acordó que cada tripulante deberá permanecer despierto seis meses, pasados esos seis meses despertará al siguiente tripulante que tenga el turno y el que ya ha pasado esos seis meses volverá a la hibernación.

Mi compañero Igor acaba de pasar sus seis meses despierto, ahora es mi turno. Despertar de la hibernación es duro, siento los músculos dormidos y el programa de la nave me ordena hacer rehabilitación.
Imagen sacada de: www.g-blender.org
No sé cómo voy a pasar estos meses sola, me comprometí muy rápido estando en tierra, deseando emprender este viaje y ser la heroína de mi mundo. Sin embargo, a la hora de la verdad no es tan sencillo. Sé que esta misión es importante, nuestro mundo se muere y necesita buscar otro planeta o al menos nuevos recursos para vivir. El Spero, nuestra nave, no puede fracasar.
Los primeros meses me los paso haciendo las rutinarias tareas de mantenimiento y velo porque nuestra nave siga el rumbo prefijado. Me deprime no oír más sonido que el de mi respiración. Me paseo por las cápsulas de hibernación y miro a mis compañeros dormir, es difícil no resistirse a despertar a alguno para charlar un poco.
Un ruido capta mi atención. Voy corriendo a inspeccionar y juraría haber visto a alguien. ¿Han sido imaginaciones mías o hay alguien de verdad?
—¡Ehh! Seas quien seas sal de donde estés — grito.
Nadie me contesta. Pasan los días pero no dejo de tener esa sensación, esa sensación de que alguien me observa. Un día me dirijo al comedor y le vuelvo a ver, hay alguien en la nave.
—¡Espera! ¿Quién eres?
Cansada de sentirme observada decido hallar respuestas. Entro en la sala de mando y pregunto al ordenador:
—Ordenador, ¿Cuántos pasajeros hay en la nave? — pregunto.
—En la nave hay nueve pasajeros.
—¿Nueve pasajeros? ¡Eso no puede ser! Yo juraría haber visto a alguien más merodeando por la nave.
—Solo hay nueve pasajeros.
—Está bien, serán imaginaciones mías, ya que estamos, ¿Cuál es el estado de los pasajeros?
—Siete dormidos y dos despiertos.
—¿Dos despiertos?
El miedo se apodera de mí, si el ordenador dice la verdad, las siluetas que he visto estos días son de alguien.
—¿Quiénes son los dos pasajeros despiertos?
—Elinor Benir e Igor Karkof.
Que la nave diga que yo, Elinor Benir esté despierta tiene lógica, ¿pero Igor? Ya tuvo su turno de seis meses despierto justo antes del mío. Tal vez la nave sufra algún error informático.
Decido ir a ver las cápsulas de hibernación y comprobar que todos están dormidos. Las cápsulas de Pritcher, Beni y los demás tripulantes están en perfectas condiciones, pero la de Igor está abierta.
El corazón se me acelera y el vello se me eriza. La cápsula de Igor está apagada y no hay nadie en ella.
—Ordenador — pregunto al silencio — ¿Dónde está Igor Karkof?
—Justo detrás de ti — contesta una voz a mis espaldas.
Antes de que pueda reaccionar Igor se abalanza sobre mí. Igor tiene un arma, intento quitársela aunque es difícil, forcejeamos y me tira al suelo.
—Capitana Benir — me dice Igor — usted y yo tenemos un asunto pendiente.
Igor me lleva a la sala de mando y allí, apuntándome con su arma me observa:
—¿Qué quieres Igor? ¿Qué haces despierto?
—Quiero cambiar el rumbo de la nave y no podía hacerlo porque solo la Capitana Benir puede entrar en la sala de mando.
—¿Cambiar el rumbo? ¿A dónde?
—A la Tierra
—¿La Tierra? — pregunto confusa.
—La Tierra fue el origen la humanidad, la primera colonia, quiero volver allí.
—La Tierra no existe, no es más que un cuento para niños, además aunque existiera, no sabemos dónde está.
—Yo sí, sé cuál es el rumbo y quiero ir hasta allí
Quiero replicarle, quiero decirle que está loco y que no pienso cambiar el rumbo y perder combustible para nada, pero si lo hago moriré, yo y todos los que estamos en la nave.
Cambio el rumbo e introduzco las coordenadas de Igor no muy convencida.
—¿Y si te equivocas?
—Entonces moriremos todos — contesta Igor.
Tengo que matarle, sé que tengo que matarle o nos matará a todos y no pienso arriesgar la misión por él. Pasan los días y mis intentos fallidos de acabar con él hacen que éste me encierre en el mirador. Una cúpula de cristal con la única compañía del espacio.
Al final me rindo, Igor es demasiado astuto y fuerte como para vencerle y es en ese preciso instante, cuando ya nada me importa y me rindo a mi destino, cuando lo veo.
Una gran bola azul se presenta ante mí. Igor tenía razón, la Tierra existe, desde mi posición puedo ver los océanos y las montañas, las historias que me contaban de niña eran ciertas. La Tierra es la salvación de mi mundo.
—Te dije que confiaras en mí — se oye a Igor detrás de mí.








Si te ha gustado…

Para escribir este relato me he inspirado en Alien, el octavo pasajero y el miedo que se siente al saber que no estás solo cuando deberías estarlo.
Esta historia tiene una moraleja y es que muchas veces tenemos que tener fe en los demás, aunque nuestro instinto nos diga que se están equivocando.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.hdfondos.eu

domingo, 30 de abril de 2017

Cocaland

Vivo en un mundo sin nombre, sin recuerdos, sin historia. Lo único que importa es el presente, por lo que el pasado se olvida. Sin embargo sabemos una cosa de nuestros antepasados, ellos vivían y morían por el mismo recurso que ahora nos perturba, la coca cola.
Una bebida tan deliciosa y refrescante que nos generó una gran adicción a todos. Olvidamos nuestros oficios, olvidamos a las personas, lo olvidamos todo por ese refresco.

Mi nombre es Fran y mi objetivo es llegar a la ciudad de Horno. La llaman así por el tremendo calor infernal que hay, sin embargo quiero ir a Horno por otra razón. Dicen que el rey García guarda en sus aposentos una lata de coca cola, una deliciosa y suculenta lata custodiada por guardias día y noche.
Imagen sacada de: patriciasanchezdeleon.blogspot.com.es
Sé que es arriesgado, sé que podría morir en el intento, pero por algo me llaman Mad Fran. Me quedan pocos kilómetros para llegar y con mi Ford Falcon XB GT del 73 y ciertas modificaciones realizadas por mí, conseguiré llegar a mi destino antes de medianoche.
Dos hombres me frenan en la carretera, debería haberles atropellado, pero sus bazokas y lanzallamas me han hecho pensármelo dos veces. Salgo del coche con mi M16 y les observo con atención, tal vez no están solos:
—¿A dónde te diriges? — me pregunta uno de ellos.
—Al norte — contesto procurando no desvelar mis verdaderas intenciones.
—Lo siento, pero la bruja Escarla no permite el paso a nadie.
—Permitirá el mío — contesto mostrando mi M16.
—Yo que tú no haría eso — dice el otro apuntando el lanzallamas hacia mi Ford.
—Está bien, iré hacía el sur entonces — contesto dándome la vuelta.
Monto en el coche y doy la vuelta, pero no tengo intención de abandonar mi objetivo. Doy un rodeo, voy a intentar entrar por la ruta de Prío. Es un camino tan peligroso y mortal que nadie se arriesga a ir por allí, en cambio yo lo haré, mi desesperación por la coca cola no tiene límites.
Llego a la entrada de la ruta de Prío y se me acelera el corazón al ver la gran montaña que tengo que escalar. Sin perder los nervios, cojo la cuerda y los clavos del maletero y me preparo para empezar el ascenso.
Cuánto más asciendo más viento hace y menos estables se vuelven las rocas que piso. Apenas puedo ver ya el brillante cromado negro de mi coche. Todo tiene un propósito, tras esta infernal montaña se encuentra el reino de la coca cola protegido por los insoportables guardias a los que pienso evitar.
Llego a la cima y me cuesta subir, todas las fuerzas las he gastado escalando. Delante de mi puedo ver al hombre – bazoka y al hombre – lanzallamas. Me han visto y no dudan en acercarse a mí.
—¿Qué haces? ¿Cómo has podido subir por el precipicio de Prío?
—Vamos, se lo diremos a la bruja Escarla — le sugiere al otro.
Ambos desaparecen en la oscuridad de la cueva, la entrada secreta al castillo del rey García. Sé que volverán, así que tengo que darme prisa, tras muchos escuerzos consigo subirme a la roca de la entrada a la cueva y sin demorarme demasiado me escondo entre sus grutas.
Tal y como predije, regresan con alguien, la bruja Escarla, tan alta que puede tocar con la cabeza el techo de la cueva.
—¿Dónde está? — pregunta la bruja
—Estaba aquí hace un momento — contesta uno de los guardias confuso.
—Pues ahora parece que no está, ¿no te parece?
—No, no es lo que piensas, ¡estaba aquí! ¡Lo juro!
—Ya hablaremos de eso después — contesta Escarla con cara de rabia.
La bruja se va y le siguen sus más fieles guardias intentando disculparse con ella, eso es una gran oportunidad para mí, ya que mientras ellos discuten yo puedo llegar con sigilo hasta la caja blanca.
La caja blanca y metálica que guarda en su interior el origen de mis males, mi desesperación, mi obsesión, la coca cola.
Abro con delicadeza su reforzada cerradura y en su interior descubro con horror una gran decepción.
—¿Coca cola zero? ¿Ya no queda coca cola original? — me pregunto.
Un gran lamento se me acumula en la garganta, un grito se esfuerza por salir entre mis labios, pero intento ser fuerte y me contengo.
—¡Fran! — grita una voz detrás de mí.
Me giro sobresaltado y descubro a la bruja Escarla mirándome sorprendida.
—¡Mamá! — grito al verla.
—¿Se puede saber qué haces? Ya sabes que la coca cola no te sienta bien por la noche, te alteras y luego no puedes dormir
—Sí, mamá tienes razón, pero me apetecía mucho — contesto dejando la coca cola zero en el frigorífico.
—Y ¿cómo has conseguido llegar hasta aquí? ¡tus hermanos estaban en la puerta de la cocina y te han impedido entrar!
Miro de reojo la ventana de la cocina y al segundo mi madre se da cuenta de lo que he hecho.
—¿Has entrado con la ventana de la cocina? — grita horrorizada.
—Lo siento, mamá, no volverá a ocurrir.
Debido al jaleo, mi padre entra en la cocina y mi madre no tarda en contarle toda la historia. Mi padre, en cambio, es más comprensivo que mi madre y se ríe al contarle que he intentado entrar por la ventana.
—Pero, ¿qué hacías? — pregunta riéndose.
—Solo estaba jugando, papá — contesto.
—Anda, ven, te llevaré a la cama.
Mi padre o el rey García según mi imaginación, me coge en brazos y me lleva a mi habitación, antes de irme veo a mi hermano bazoka y mi hermano lanzallamas reírse y no dudo en sacarles la lengua. La caja blanca brilla al fondo del pasillo, esto no es el final, conseguiré la coca cola original, como que me llamo Mad Fran.





Si te ha gustado…

Este relato me gustaría dedicárselo a mi novio Fran, un gran apasionado de la coca cola, espero que este relato te haya hecho reír.
Cómo ya os habréis dado cuenta, para escribir este relato me he inspirado en Mad Max y su mundo post-apocalipto de lucha por conseguir gasolina. También me he inspirado en Waterworld, aunque no es de mis pelis preferidas, pero también persigue un recurso en un mundo destruido.
La moraleja de esta historia es que a veces, la imaginación puede ser tan real como el mundo que te rodea, si no te gusta tu realidad, imagínatela de otra manera y así, el acto más insignificante como el de conseguir una coca cola, se convertirá en toda una aventura.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.wired.com