domingo, 10 de diciembre de 2017

La Aldea

Otro año más al lado de este pastor inútil, ¿quién en su sano juicio le dijo que hacían gracia sus chistes malos? Cada año pido y suplico que me cambien de sitio, pero no hay manera, siempre acabo al lado de sus apestosas ovejas que no paran de cagarse por todos lados.
—¡Eh David! ¿se puede saber qué te pasa? ¡alegra esa cara que es Navidad! — me dice mi amigo Ismael.
—¡Otro año más al lado de este payaso y dejo que los romanos me maten! — contesto.
—David, piensa que podría ser peor… ¡mira a ese pobre de ahí! — me dice señalando a uno de los hombres de la aldea.
Miro en la dirección que su mano me indica y frunzo el ceño al descubrir al desgraciado del pueblo.
—¿Te refieres al Cagón? — pregunto.

—¡Sí! Ese pobre se pasa todas las navidades en cuclillas, enseñando el culo a todo el mundo, ¡es el hazmerreír de todos!
Imagen sacada de: citywallpaperhd.com
Mi ceño se torna en tristeza y mis hombros se relajan al ver al pobre desdichado que nunca termina de cagar.
¡Ayudarme! — suplica en la lejanía.
Pienso en su situación y luego en la mía y llego a la conclusión de que no es justo para ninguno de los dos.
—¡Me da igual! — le grito a Ismael — sí, es cierto, lo suyo es una injusticia, pero lo mío también y no pienso quedarme de brazos cruzados esta vez.
—Pero… — me mira sorprendido mi amigo — ¿y qué vas a hacer?
—Cuando los dioses no miren, cuando las estrellas se apaguen y el sol caiga, me moveré.
—¿Moverte? ¿estás loco? ¡los dioses lo descubrirán! Y ¿a dónde irías?
—Quiero ver a Eva
—¿La pastorcilla del río?
Eva, la pastorcilla más guapa de toda la aldea, la que siempre observo, pero nunca me atrevo a hablar con ella, siempre está lavando la ropa en el río y ocupada con las tareas que su padre, el herrero, le pide.
Ella es guapa, de cabellos dorados como el sol y ojos azules como los zafiros, ella es Eva.
—De este año no pasa Ismael, este año es mi año y juro por los dioses que conseguiré hablar con ella.
Mi amigo trata de convencerme de que no lo haga, pero ya es tarde, está decidido y no hay nada que pueda hacerme cambiar de opinión.
Tal y como predije, el sol de apaga y al hacerlo, aprovecho mi ocasión:
—¡Eh David! ¿quieres oír algo gracioso? — me pregunta el insoportable ovejero.
—Ahora no Gabriel — contesto algo malhumorado.
Me abro paso entre la gente, que me observa sorprendida y aparta a sus animales de mi camino. Nadie ha hecho nunca nada tan aventurado como lo que estoy haciendo yo ahora mismo y al llamar tanto la atención, no tardan los romanos en pararme.
—¡Alto ahí granjero! — me para el soldado — ¿a dónde te crees que vas?
—No busco pelea señor, tan solo quiero atravesar la aldea.
—¿Para qué? — me pregunta poniendo la mano en la empuñadura de su espada.
—Asuntos personales — trato de eludir la pregunta.
—Muy bien, pues si quiere pasar, tendrá que pagarnos diez denarios.
—No tengo dinero — confieso.
—Pues entonces no le podemos dejar pasar.
Empujo al soldado de manera instintiva y echo a correr por el campo de hortalizas, oigo como la guardia me sigue y grita furiosa, pero la ignoro, estoy tan cerca de mi objetivo que no me puedo echar atrás ahora.
Unas gallinas salen despavoridas al pasar corriendo por su lado y cacarean malhumoradas tras los pasos de los romanos. Los asnos rebuznan y más de un pastor se asoma por la ventana al escuchar el escándalo de los soldados tras de mí.
A pesar de lo cerca que estoy de conseguirlo, la guardia me alcanza y me mete en prisión antes de que acabe la noche, no tengo modo de volver, así que decido esperar en mi celda hasta que la noche caiga de nuevo.
Los Dioses despiertan…
—¡Pablo! ¿has vuelto a mover las figuras del Belén? — dice malhumorada la Diosa madre.
—Yo no he sido, mamá.
—Te he dicho un millón de veces que con estas figuras no se juegan, son muy delicadas cielo, venga, dejemos al granjero en su sitio, ¿vale? ¡y no lo vuelvas a mover!
—¡Pero mamá yo no he sido!
—¡Basta Pablo! dejémoslo estar, ¿de acuerdo?
—Sí, mamá.
La oscuridad nubla los bosques, las casas se iluminan y solo se escucha el gorgoteo del río, es mi oportunidad.
Me muevo con sigilo, obviando la ruta que cogí la noche anterior y evitando a la patrulla. Me cuelo por los campos y llego a un establo, está sorprendentemente iluminado y lleno de gente, todos observan a un niño, un bebé.
Trato de rodear el establo y el ruido del agua se hace más fuerte. Allí está, la pastorcilla, la mujer más guapa que jamás he visto. Se gira, levanta la cabeza y me mira extrañada.
—Me llamo David — me presento con torpeza.
—Eva.
Las luces se encienden de pronto, ya es de día y es muy tarde para volver a mi sitio. La Diosa Madre vuelve a aparecer, pero esta vez con un trapo para limpiar.
—¡Ains este Pablo lo ha vuelto a hacer! ¡otra vez ha vuelto a mover al granjero de su sitio!
Me eleva por los aires unos instantes e intercambia brevemente una mirada con la pastorcilla y conmigo.
—Aunque, pensando mejor — dice para sí — tampoco queda tan mal ponerlo al lado de la pastorcilla.
Vuelve a dejarme donde estaba y continua con su limpieza rutinaria, sin embargo, para mí ya es distinto, para mí es mi es un sueño cumplido, un sueño de Navidad.








Si te ha gustado…


Este relato quiero dedicárselo a mi madre, dado que fue ella quien me dio la idea para escribirlo. ¿Quién no ha jugado alguna vez con las figuras del Belén? Yo, lo hacía siempre, así que me pareció divertido hacer un “Toy Story” navideño.
Espero que te haya gustado y sobretodo que te haya hecho reír. En estas fechas hay que estar unidos y en familia y ese es el verdadero espíritu de la Navidad.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

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domingo, 12 de noviembre de 2017

El Poder Púrpura

No me di cuenta, hasta que entré en los medios. Ya por entonces se hablaba de la manipulación del gobierno y sus “métodos” para convencer a los ciudadanos, pero yo no me lo creí. Siempre me pareció una de las muchas teorías conspiratorias que rondan por ahí.
Todo empezó con la llamada y a raíz de aquello, descubrí la verdad oculta que todos intentan encubrir:
—Cadena Veraz, ¿en qué puedo ayudarle? — digo automáticamente al coger el teléfono.
Hoy van a entregar una caja en recepción, esa caja lo cambiará todo, si todavía cree en el poder del pueblo, destruya esa caja antes de que sea tarde.

El sonido intermitente del teléfono me despierta, han colgado. La extraña llamada me revuelve el estómago y temerosa me acerco a la recepción con la esperanza de que no haya llegado ninguna caja.
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—Clara, ¿ha llegado alguna caja? — pregunto a la recepcionista.
—No, nada de nada.
—Perdonen, traigo una caja para el señor Calajan — dice el repartidor detrás de mí.
—¡Soy yo! — exclama el director Calajan nada más escuchar su nombre — ¿de qué se trata? — dice firmando los papeles del repartidor.
—Ni idea, señor, pero viene del departamento de control y seguridad del Gobierno, debe ser algo importante — contesta el repartidor antes de irse.
Calajan abre la caja extrañado, estoy a punto de decirle que no lo haga, pero me freno en el último segundo.
—¿Qué es esto? — pregunta extrañado.
La caja está llena de medicamentos y encima de estos, hay una carta.
—¿Qué es eso, jefe? — pregunta Clara asomándose desde su escritorio — ¿no será una de esas argucias del Poder Púrpura?
—No digas tonterías, Clara, el Poder Púrpura no es más que un grupo de fanáticos que insisten en que el gobierno nos controla y nos manipula a placer, no tienen nada que ver con esto. Además, este sobre lleva el remitente del Gobierno.
Calajan, abre la carta y lee su contenido sin dejar de amasarse la barba.
—Chicos, tenemos nuevas instrucciones — anuncia al equipo — tenemos que hacer algunos cambios en el programa y tenemos que anunciar una nueva noticia para la comunidad.
A pesar de carecer de un puesto de relevancia en la Cadena, observo como mis compañeros trabajan e intento ayudarles en todo lo que pueda. Las instrucciones del Gobierno serán anunciadas en las noticias, así que me cuelo en el plató y escucho tras las cámaras a los presentadores.
—Y, hablando de un tema menos serio — anuncia el presentador Rob Teit — según recientes estudios, se ha demostrado que el mayor problema de nuestra comunidad es el estrés, por ello el Gobierno ha sacado estas fabulosas pastillas que cada ciudadano está obligado a tomar, nuestra salud es un problema de todos, pero es un problema con una solución.
Un cosquilleo me recorre la espalda, las palabras “cada ciudadano está obligado a tomar” me dan la voz de alarma. Como periodista la curiosidad me llama, pero como ciudadana me inquieta. Tras el programa me acerco a mi confidente y amigo Nelson, el cámara.
—Nelson, ¿qué han querido decir con “todos los ciudadanos están obligados a tomar?
—Ven — me dice nervioso mirando a su alrededor.
Entramos en el estudio de montaje y ya solos, hablamos sin temor a que nos escuchen.
—Las pastillas no son más que otro control del Gobierno, ¿lo entiendes? Quieren manipularlos, drogarnos y que todos les votemos sin pensar.
—Hablas como el Poder Púrpura.
—Tal vez, tengan razón — me susurra.
—¿Qué quieres decir? — pregunto atónita.
—Verás, hace unos meses, vinieron gente del Gobierno a hablar con Calajan, estuvieron un buen rato en su despacho y al salir, el jefe vino a verme y ordenó poner esto entre los anuncios de la Cadena.
Me pone la cinta en la pantalla y me horrorizo al descubrir la verdad.
—¡Es publicidad subliminal! Pero no puede ser, eso está prohibido.
—No solo es publicidad subliminal, Beca, es promoción de su partido.
En mi asombro descubro algo más, Nelson tiene una cinta púrpura en la muñeca.
—Eres del Poder Púrpura, tú me has llamado esta mañana.
—Así es — me confiesa — debemos parar esto, Beca, antes de que el pueblo se convierta en una masa fácil de manipular.
—Debes grabarme — digo pensativa — grabaremos un video, esta noche y se lo presentaremos al mundo.
Al atardecer nos escondemos y cuando ya no hay nadie en la oficina, nos encerramos en el plató.
—¿Lista? — me pregunta Nelson.
Yo asiento nerviosa y miro el objetivo con decisión, las palabras salen solas.
—Queríamos seguridad, antes que riesgo, comodidad antes que libertad y ahora recogemos los frutos de la mala hierba que sembramos. El Gobierno nos manipula…
Alguien llama a la puerta, pero yo no hago caso.
—Los medios están corrompidos, introducen mensajes subliminales entre los anuncios, nos venden fármacos que más que curarnos tratan de lavarnos el cerebro, nos graban en las manifestaciones que hagamos contra ellos, nos introducen chips de identidad para localizarnos y nosotros, inconscientes, lo aceptamos.
¡Abran la puerta! ¡Agentes de policía! ¡abran!
Mi voz se quiebra, pero Nelson me anima a seguir.
—¿Somos realmente libres o es lo que quieren que pensemos? Poco a poco y con el rostro de la caridad nos venden las manzanas envenenadas. Pero eso se acabó, ¡debemos luchar! ¡debemos demostrarles que el pueblo es quien decide no ellos! ¡pero sobretodo debemos enseñarles lo que el Poder Púrpura es capaz!
La puerta del estudio se rompe y la policía, junto agentes del Gobierno y federales entran en la estancia. Fin de la emisión.









Si te ha gustado…

Para escribir este relato me he inspirado en la Naranja Mecánica y su técnica Ludovico, ya que el control de la mente puede ser la clave de la manipulación.
La moraleja de esta historia es tan simple como real, el marketing llevado al extremo puede ser peligroso, ¿quién nos dice que no lo estén haciendo ya?
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: es.panampost.com

domingo, 5 de noviembre de 2017

Bromas Nocturnas

Los programas de bromas siempre han sido muy populares en nuestra sociedad, la gente se muere de la risa viendo a gente en situaciones absurdas y como éstas reaccionan ignorantes de la cámara oculta, pero ¿dónde está el límite entre una broma graciosa y una broma de mal gusto?

El programa “Bromas Nocturnas” se ha vuelto famoso precisamente por eso, por gastar bromas pesadas. El sistema es bastante simple, cualquiera te puede gastar una broma pesada y grabarte en el momento, para luego mandarle el video al programa. Cuanto más obscena, escatológica o bochornosa sea la broma, más posibilidades hay de que la emitan.
Imagen sacada de: terrorpsicologico1.blogspot.com.es
Nadie se imaginaba que el programa llegara a tener tanta audiencia, pero la pérdida de valores y de moralidad ya ha hecho mella en nuestra sociedad.
Las bromas dejaron de tener gracia cuando empezaron a ser ilegales y a pesar de los intentos de la policía de detener la emisión, el programa seguía en antena.
Yo vivía mirando hacia otro lado, ignorando las barbaries por las que las víctimas del programa les tocaba pasar, ya que hasta que no te pasa a ti, siempre parece que las desgracias son menores.
—¡Dios santo! ¿ya es esta hora? — exclamo al fijarme en el reloj de la oficina.
Miro a mi alrededor y descubro que soy una única que todavía sigue aquí trabajando. Aunque tengo mucho trabajo, el cansancio se apodera de mí y decido dejar lo que me queda para el día siguiente. Recojo y llamo al ascensor, pero un sonido cercano me alerta.
—¿Hay alguien ahí? — pregunto inútilmente a la puerta movida por el viento.
Unos pasos corren hacia mí y sobresaltada grito al ver a un hombre ponerme una capucha negra en la cabeza. Me golpean.
Cuando despierto estoy atada a una silla y a pesar de que solo consigo ver un foco apuntándome a la cara, reconozco el característico suelo de la oficina, sigo en el trabajo.
Mis ojos se adaptan a la repentina luz brillante que nubla mi vista, horrorizada contemplo a un grupo de personas a mi alrededor, pero no son personas corrientes, van disfrazados de payasos.
—¿Quiénes sois? — pregunto mareada.
Bueno, bueno, bueno, un pajarito me ha dicho que te acaban de ascender en el trabajo, ¡por ese motivo hemos venido a darte esta sorpresa!
La chirriante voz del payaso jefe me taladra los oídos.
—Vale, ya me habéis dado la sorpresa, ahora dejarme salir.
Nada de eso, pippireta, debes abrir tu regalo.
Uno de los payasos lleva una cámara y graba al payaso jefe mientras este me acerca un regalo cuidadosamente envuelto. Todos los demás gritan eufóricos, resuenan sus trompetas y saltan ansiosos de la emoción.
Sé que no debo abrir el regalo, sé que dentro hay algo horrible para mí y busco desesperadamente una salida a mí alrededor.
¿Me dejas que te ayude con el envoltorio? ¡estoy tan ansioso que no me puedo resistir! — me dice el payaso jefe con una mirada salvaje.
Tras la tapa, el horror se desata, la caja está llena de minúsculas arañas rabiosas, éstas salen despavoridas y furiosas a la menor oportunidad. Chillo de horror tras las primeras picaduras e intento por todos los medios quitármelas de encima, del esfuerzo, la silla se cae al suelo y me retuerzo ferozmente de un lado para otro luchando por quitármelas de encima.
Los payasos se ríen, vociferan y cantan desaforados como si fuera la broma más graciosa del mundo. Algunos me apalean mientras me retuerzo en el suelo, como bestias enloquecidas, otros empujan las arañas que huyen de nuevo hacia mí.
Tras mucho forcejeo, tras mucha rabia contenida, mis ataduras se rompen y me levanto furiosa del suelo, con un único objetivo, acabar con todos.
Me pegan con bates de béisbol para que vuelva al suelo, pero entre la marabunta de payasos, consigo hacerme con uno de sus bates. Pillo a uno por banda y le empiezo a pegar con saña.
—¡Quitármela de encima! ¡Quitármela de encima! — grita el payaso en el suelo.
Intentan salvar a su amigo, pero ya es tarde, las arañas del suelo se han lanzado a por él, al mismo tiempo que la sangre de su cabeza empieza a emanar.
—¡Para que lo vas a matar! ¡PARA! — me intenta frenar uno de ellos.
Pero yo no paro, quiero que esto se grabe en sus retinas, quiero que se den cuenta de que conmigo no se mete nadie y quiero también hacerles ver el daño que una simple broma puede hacer.
—¡Cristina para! ¡solo era una broma! ¡te estábamos gastando una broma! — dice el payaso jefe.
En ese momento el bate se rompe por la mitad, el cráneo destrozado de mi víctima me ha salpicado la ropa de sangre. Me giro hacia los demás y descubro que el payaso jefe se ha quitado la máscara, es Elisa.
—Debí imaginarlo — digo al verla — no pudiste soportar que me ascendieran a mí y no a ti y por eso has montado todo este circo.
Elisa mira hacia otro lado con una mueca que revela más verdad de la que quiere mostrar.
Todos ellos, todos, son mis compañeros, mis supuestos amigos del trabajo, ellos son los que quisieron gastarme una “Broma nocturna”. El cámara sigue grabando, como un reportero ávido de carroña. Me acerco a él con una mirada sádica y le hablo al objetivo.
—Las bromas dejan de tener gracia cuando solo el que las hace se ríe. Dado que nadie está dispuesto a hacer nada por acabar con las Bromas Nocturnas, insto a todas las víctimas de este acoso sin precedentes a que se unan a mí. ¡Y vosotros, los bromistas del averno, con violencia nacisteis, pero con violencia moriréis!
Me giro de nuevo hacia el payaso muerto y recojo entre sus sesos algo que no llevaban los demás payasos:
—Quien ríe el último, ríe mejor.
Apunto con el arma al payaso cámara y disparo.











Si te ha gustado…

Para escribir esta crítica social me he inspirado en el acoso escolar y en todos aquellos que han tenido que defenderse alguna vez de abusones sin gracia.
Una broma es cuando dos personas se ríen de algo gracioso e inofensivo, pero cuando esa broma es acosta de otra persona, se transforma en algo mucho más peligroso.
La moraleja de esta historia, es mi lema en la vida, no hagas nada que no te gustaría que te hicieran a ti.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.scmediation.org

domingo, 29 de octubre de 2017

ESPECIAL HALLOWEEN: El Final

El cuerpo inerte de la señora Fort está ensangrentado en el suelo, demasiadas puñaladas, demasiada sangre. No ha habido testigos, tan solo dos paralizadas niñas que niegan haber visto al asesino.
—¿Qué opina jefe? — me pregunta el agente Navas.
—Opino que tenemos a tres víctimas en menos de un mes, está pasando algo y pienso averiguarlo.
Salgo nervioso de la casa y enciendo un cigarrillo, no consigo quitarme de la cabeza la última llamada de la señora Fort, ella sabía algo y por eso la mataron.
—¿Jefe de policía Santos? — oigo que me llaman.
Al girarme descubro a la pesada periodista del pueblo, buscando carnaza para su periodicucho. Apago el cigarrillo antes de que llegue a mi posición y les digo a mis chicos que nos vamos.
—Sin comentarios — contesto entrando en mi coche patrulla.

Arranco y no miro atrás, me dirijo a la comisaría, desde allí seguiré con mi investigación y rezaré porque los forenses consigan sacar alguna prueba que yo haya pasado por alto.
Imagen sacada de: wall.alphacoders.com

—Bien, tenemos a una mujer muerta, un hombre muerto y una anciana, ¿es algo al azar o tienen algo en común estas personas? — pregunto a mis chicos.
—He estado investigando a Roberto Ruíz, el hombre muerto — contesta Peña — era de un pueblo cercano, solía pasarse por la taberna de Bob a las afueras del pueblo, era un hombre solitario, no tiene ninguna relación con las otras dos víctimas.
—Lástima — contesto mordiéndome el labio — ¿y la mujer?
—Con la mujer, Melania Mars, hemos tenido más suerte — contesta Adams — resulta que estudió en Lobo con el doctor Albert Mur.
—Eso es interesante, tal vez deberíamos hacerle una visita al doctor.
Miro distraído la estantería de mi despacho y pienso en las piezas del puzle que me faltan.
—Iré a ver al doctor, pero vosotros investigar a Fort, antes de morir me llamó, dijo que sabía el secreto de las calabazas o algo así, tal vez puede tener alguna relación con los crímenes.
—Sí, señor — contestan al unísono.
Antes de entrar en el coche enciendo otro cigarrillo y esta vez dejo que el humo penetre en mis pulmones y me relaje, necesito tranquilidad para poder pensar y eso solo puedo conseguirlo conduciendo y fumando.
La consulta del doctor Mur está tan vacía como puede esperarse de un lunes por la mañana, la secretaria me conduce muy amablemente hasta la sala de espera y tras unos instantes, entro en el despacho de Albert.
—Doctor Mur — le saludo estrechándole la mano.
—Agente — me saluda — por favor tome asiento, ¿quiere una taza de té?
—Sí, gracias.
Doy un pequeño sorbo a la taza y dejo que el caliente líquido recorra mi garganta, eso me tranquiliza.
—Como ya sabrá, estoy investigando la muerte de los tres fallecidos de Lobo — digo intentando ir directamente al grano — y se imaginará mi sorpresa al descubrir que usted estudió con la fallecida Melania Mars…
—Sí, estudié con ella, pero apenas la conocía, no coincidimos en demasiadas clases.
—¿Qué podría decirme de ella?
—Bueno, era una chica muy popular, salía con malas compañías, con los chicos del equipo de baloncesto, pero compensaba todo eso yéndose a estudiar con Sara Lago.
—¿Con Sara Lago? ¿la bibliotecaria? — pregunto sorprendido.
—Sí, antes eran muy amigas.
Mi interés cobra fuerza y decido ir a visitar a la bibliotecaria y pedirle explicaciones. Apenas hacía unos días que había hablado con Sara, que le había mostrado la foto de la fallecida y ella había negado en rotundo conocerla.
Pongo la sirena del coche y empiezo a conducir, estoy tan nervioso que se me cae el cigarrillo en los pantalones y tengo que apagarlo de un manotazo. Al llegar a la biblioteca, entro de sopetón, Sara está en el mostrador leyendo distraída.
—Melania Mars — digo nada más llegar a su posición — me dijiste que no la conocías.
—Y no la conozco — me confiesa ella confusa.
—¡Jefe! — oigo detrás de mí.
—¿Qué? — pregunto molesto a mi compañero.
—He descubierto algo importante, Melania Mars era la esposa de Albert Mur.
—¿Cómo? — digo sin salir de mi asombro.
—Sí y varios testigos aseguran que la vieron un par de noches salir con Roberto Ruíz de la taberna de Bob.
De repente caigo en mi error, Melania Mars estaba teniendo una aventura con Roberto Ruíz y Albert Mur, el marido de Melania se enteró.
—Solo hay una cosa que no encaja — dice Peña — ¿y la señora Fort?
—Todos saben que la señora Fort es una cotilla, seguro que vio algo, que se enteró de la aventura de su mujer y la mató también para callarla — contesta Adams.
—Y, ¿qué pasa con las calabazas? — pregunta Peña.
—¿Por qué no se lo preguntamos al doctor? — pregunto furioso.
Volvemos a la consulta, pero esta vez no me quedo esperando en la sala de espera, entro directamente en su despacho, a pesar de las quejas de su secretaria.
—Me ha mentido — le digo nada más verle.
—¿A qué se refiere?
—Sí que conocía a Melania Mars, era su mujer.
La cara de Albert cambia por completo y revela por un instante su culpabilidad.
—¿Qué pasó? ¿se enteró que su mujer la engañaba y decidió matarlos? ¿la señora Fort lo vio y por eso la mató también?
La cara del doctor cambia por completo y una sonrisa oculta en la sombra sale a la luz.
—Se lo merecían, pero yo no los maté, matar conlleva mancharse las manos. Es más fácil hacer que otros maten por ti.
—¿A qué se refiere?
—A las calabazas — contesta riéndose — sabe que soy experto interpretando los sueños, pero lo que tal vez no sabe, es que también se me da bien manipularlos. Así que fue fácil, escogí cuidadosamente a unos cabezas de turco para hacer el trabajo sucio y el resto fue coser y cantar.
—Ya veo y todo le habría salido bien de no ser por la señora Fort que le pilló antes de lo que se imaginaba.
—Se equivoca agente, todo me ha salido muy bien, ¿sabe por qué? Porque cuando salga de aquí, ya no se acordará de nada y yo seré un hombre libre.
—¿Ah sí? ¿y cómo piensa hacer eso?
—Ya lo he hecho, ¿se acuerda de la taza de té que se tomó en mi despacho esta mañana?
La taza de té, esa maldita taza de té, que tan bien me sentó entonces, esa taza estaba envenenada. De repente un mareo, se me nublan los ojos y solo pienso en dormir, caigo al suelo y me doy cuenta, el hombre de las calabazas ha ganado.






Si te ha gustado…

Espero que te haya gustado el desenlace de este ESPECIAL HALLOWEEN 2017. Cómo ya te imaginaras, esta historia la tenía ya pensada desde el primer relato y espero que el final de la historia te haya sorprendido a la vez que agradado.
A todos nos puede dar miedo un monstruo, una bruja o un demonio, pero lo realmente terrorífico es cuando ese monstruo es una persona real.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.bestfon.info

domingo, 22 de octubre de 2017

ESPECIAL HALLOWEEN: La Anciana

Un precioso atardecer se abre ante mí. Mi nieta y la nieta de mi amiga Lisa corren de un lado para otro por el jardín, jugando con sus muñecas. Mientras tanto, Lisa y yo cotilleamos en el porche, nuestra animada conversación no podría estar mejor acompañada que con una buena taza de té en la mesa y un jersey a medio tejer en las manos.
—¿Qué opinas del nuevo habitante de Lobo? ¿de ese forastero de la gran ciudad? — me pregunta Lisa acunándose en su mecedora.
—¿El señor Camps? Fui a verle hace un par de días, aún se está instalando, sinceramente parece bastante trastornado, el hecho de perder su trabajo y todas sus cosas le ha hecho perder un poco la cabeza, por eso le recomendé que fuera a ver al doctor Mur.

—¿Crees que el señor Camps podría ser el culpable de la muerte de esas personas?
Imagen sacada de: ww.escalofrio.com
Doy un pequeño sorbo a mi taza de té mientras pienso en esa posibilidad.
—No, no creo — contesto negando con la cabeza — en el fondo es un buen chico, lo que pasa es que ha empezado a soñar con las Calabazas, de eso estoy segura. Todos en este pueblo están obsesionados con eso.
—Bueno, señora Fort — me dice mi amiga tras otro sorbo de té — ya conoces la historia de las Calabazas y la relación que tienen con el pueblo.
—¿Qué relación? — pregunto confusa.
—¿No conoces la historia de Phil Kadic y las Calabazas?
—¿Qué historia es esa?
—Se cuenta — dice mi amiga aclarándose la garganta — que Phil Kadic, un forastero de alta cuna, llego a Lobo con grandes ambiciones, quería transformar el pueblo por completo. La mayoría de los habitantes de Lobo estaban muy contentos con los cambios que quería hacer Kadic, pero una persona en concreto, una anciana, se opuso, ya que los cambios de Kadic implicaban que ella perdiera su casa.
«Kadic, ajeno a las súplicas de la anciana, derribó su casa y en su lugar construyó un gran centro cultural. La anciana, destrozada, juró vengarse. Lo que Phil Kadic no sabía era que la anciana era en realidad una bruja y ésta, condenó a Kadic y todos los que lo apoyaron convirtiéndoles a todos en Calabazas».
«Se dice que cada treinta y uno de Octubre, en la noche de Halloween, la anciana vaga por las calles de Lobo, buscando a Kadic y convirtiendo en calabazas a todo aquel que se interponga en su camino».
—Y, ¿por qué todo el mundo está soñando con calabazas ahora? — pregunto confusa tras escuchar la apasionante historia de Lisa.
—No lo sé, la gente de este pueblo es muy impresionable, por ejemplo, mi nieta — dice señalando a una de las niñas que juega en el jardín — cometí el error de contarle la historia de las Calabazas, ya sabes que se acerca la noche de Halloween y me pareció oportuno contarle una historia de miedo. Sin embargo, a mi amada nieta Virginia le afectó mucho, desde que le conté la historia no ha dejado de soñar con calabazas, así que sus padres la han tenido que llevar a ver al doctor Mur para que la examine.
—El doctor Mur está teniendo mucho trabajo últimamente.
—Y el jefe de policía Santos, que se ha estado paseado por todas las casas preguntando por la muerte de Melania Mars y Roberto Ruíz.
Mi marcapasos deja de palpitar al oír esos dos nombres y siento que la sangre no me llega a las extremidades. Todo encaja, las piezas del puzle encajan.
—¿Esas son las dos personas que han muerto en Lobo? ¿el hombre y la mujer que murieron hace un par de días?
—Sí, ¿no lo sabías? — Lisa me mira extrañada — ¿estás bien querida? Tienes mal aspecto.
No contesto, todavía estoy demasiado alterada por mi descubrimiento. Debo mantenerlo en secreto y cuando esté sola y sin ningún peligro cerca, avisar al jefe Santos de inmediato.
—Sabes, creo que debería irme o voy a llegar tarde a mi partida de Bingo de esta tarde, ¿de verdad no te importa quedarte con Virginia esta noche? — me pregunta mi amiga.
—No, claro, no hay ningún problema — contesto más seca de lo habitual.
Lisa se despide de mí, después de demasiados abrazos y besos y al cabo de un rato, por fin estoy sola. Sin perder más el tiempo y tras asegurarme que las niñas siguen jugando en el jardín, cojo el teléfono.
Estoy tan nerviosa que me equivoco de número dos veces antes de conseguir llamar al número de teléfono del jefe de policía Diego Santos:
—Sí, ¿oiga? ¿jefe de policía Santos? ¿Diego Santos? ¿es usted?
¿Señora Fort? Dígame, ¿en qué puedo ayudarla?
—Señor Santos, creo que ya he resuelto el misterio de las Calabazas, hay…
Un ruido a mis espaldas me alerta, me giro de un respingo y me asusto al ver a Virginia mirándome fijamente.
—¿Con quién hablas? — me pregunta Virginia.
—Verás cariño — digo tapando el teléfono con una mano — estoy con una llamada importante, ahora no puedo hablar, dame unos segundos y estoy contigo en un periquete.
¿Alba? ¿Señora Fort está ahí? — se oye a Santos a través del teléfono.
—Me temo que no puedo dejarla — dice Virginia muy seria — las calabazas me han dicho que ha sido muy mala y que debe pagar por ello.
Mi rostro palidece y con mucha calma vuelvo a girarme hacia la nieta de mi amiga. Virginia tiene un cuchillo en la mano, un cuchillo de carnicero.
La sangre salpica el teléfono antes de que me dé cuenta de lo que ha ocurrido. Tras el aparato se sigue escuchando a Diego Santos gritar mi nombre, pero yo ya no le escucho, mi única preocupación ahora con las puñaladas, una tras otra van llegando a mi cuerpo hasta que al final me rindo.
La sangre inunda el salón y reflejada en ella puedo verlo, la Calabaza ha venido a por mí.







Si te ha gustado…

El nombre de Phil Kadic es un guiño a uno de los escritores de ciencia ficción más grandes de la historia, Philip K. Dick, autor de maravillas como: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? O El Hombre en el Castillo.
Espero que os haya gustado la tercera parte de este ESPECIAL HALLOWEEN, recordad que el próximo fin de semana podréis disfrutar del final de esta gran historia y ¡no temáis! Hay un final. Para mí, los finales abiertos son historias sin terminar, así que podéis estar tranquilos.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.como-limpiar.com

domingo, 15 de octubre de 2017

ESPECIAL HALLOWEEN: Seducción

Este pueblo me ha dado mucho, pero también me ha quitado mucho. Desde que mi marido me dejó, soy otra persona. Los habitantes de Lobo se alegraron muchísimo de que mi marido se fuera del pueblo, corrían rumores de que me pegaba, pero solo yo sé que eran ciertos.
El doctor Albert Mur me está ayudando mucho con mis problemas y suelo ir a verle a su consulta dos veces por semana:
—Hola Sara, ¿cómo te encuentras? — me pregunta nada más verme aparecer por la puerta.
—Mal, los sueños no cesan, las calabazas me persiguen — contesto asustada.
—Ya lo hemos hablado Sara, las calabazas no existen, son solo una forma que tiene tu cerebro de soportar el dolor de tu pérdida, ¿te tomas las pastillas?

—Cada noche, pero no me hacen efecto, tal vez si se aumentara la dosis…
Imagen sacada de: spice4life.co.za
—Sabes de sobra que eso no podemos hacerlo.
El silencio se hace en la habitación y aprovecho ese momento para colocarme bien las gafas y alisarme la falda para que no se me vea más allá de las rodillas.
—¿Qué tal van tus relaciones con los hombres?
—¿Relaciones? — pregunto tímidamente — no tengo ninguna.
—¿Sigues teniendo miedo de los hombres?
Me muerdo el labio con tristeza y aparto la mirada del doctor con lástima:
—Un poco, a veces.
—No debes de tenerles miedo, ellos no son como tu exmarido, hay algunos que sí, pero no todos son como él.
—Lo sé, pero es complicado.
—¿Por qué no lo intentas? Te propongo un ejercicio, quiero que esta semana hables con algún hombre, háblale del tiempo, de los libros que tienes en tu biblioteca, de lo que sea, ¿de acuerdo?
—Está bien, doctor, ¿y las calabazas?
—Olvídate de las calabazas, cada vez que sueñes con ellas cuenta hasta tres y cambia tu sueño, ¿entendido?
—De acuerdo, doctor, eso haré.
Salgo de la consulta con energías renovadas y me propongo hacer el ejercicio que me ha mandado el doctor, no sin antes apuntarlo todo en mi cuaderno para que no se me olvide nada:

“-Hablar del tiempo
-De mis libros en la biblioteca”

Entro de nuevo en mi biblioteca y me propongo recoger los libros sueltos que la gente ha dejado en mi mesa. La campana de la entrada suena y descubro en el umbral de la puerta al jefe de policía de Lobo, el señor Diego Santos. Es un hombre de espeso bigote y rostro cansado, cuya vida en la ciudad le quemó tanto, que prefirió irse a vivir a un sitio más alejado y tranquilo como Lobo.
—Hola Sara, ¿algo nuevo por aquí? — me pregunta quitándose la gorra.
—No, señor — contesto sin mirarle a los ojos.
—Verás, han asesinado a una mujer a pocos metros de tu tienda, ¿te suena su cara? — me pregunta enseñándome una foto.
La foto de la mujer no me suena de nada, es una mujer de pelo negro perfecto, labios rojos y dentadura perfecta, todo lo que no soy yo. Niego con la cabeza y aparto rápidamente los ojos de la foto.
Siento cierta envidia de esas mujeres tan perfectas, de impecable gusto para vestir y curvas femeninas. Ellas lo tienen todo resulto, aunque parece ser, que la mujer de la foto en concreto, no las tenía todas consigo.
Tras una jornada de trabajo, cierro la biblioteca, todavía no me puedo creer que la señora Fort no me haya devuelto Cumbres Borrascosas, mañana me tocará ir a visitarla de nuevo y pedirle que me devuelva el ejemplar. He llegado a pensar que lo hace a propósito, que ella solo lo hace para que vaya a verla y cotillear toda mi vida.
Llego a casa cansada y me tumbo en la cama al poco de entrar, el cansancio se apodera de mí.
Calabazas, más y más calabazas. Las calabazas me persiguen me piden que me una a ellas que tienen un sitio para mí. Me muestran imágenes obscenas y se burlan de mi timidez. Grito.
Me despierto en la noche con un grito de terror. Las calabazas han vuelto a por mí. Me levanto de la cama y me doy una ducha. Me arreglo para salir, me pinto los labios de rojo como la chica muerta que me enseñó el policía.
Me pongo un vestido, uno muy escotado que me regaló mi madre por mi cumpleaños. Estoy lista. Salgo de casa, no sé a dónde voy, pero mis pasos me guían.
No tardo mucho en llegar al bar, un bar de mala muerte a las afueras del pueblo. Hay poca gente, pero la poca que hay da miedo. Solo hay hombres, noto sus miradas nada más verme entrar, pero ellos no son mi objetivo.
Mi objetivo es un tipo alto y guapo de la barra, voy hacía él y me siento a su lado. No tarda en invitarme a una copa y charlamos. Me muerdo el labio y sonrío. Es mío.
Me invita a su casa y yo le sigo, él cree que esta de suerte esta noche, pero lo que no sabe es que yo tengo otras intenciones. Le beso, le beso una y otra vez y al poco de hacerlo, sus labios empiezan a arder.
El ácido de mi pintalabios ha surtido efecto, él grita pero no le sirve de nada, el ácido ya ha comenzado a comerse su carne y yo, inmune a mi propio veneno gracias a la vacuna que me tomé antes de salir, sonrío, me río alocadamente mientras mi víctima lucha por su vida.
El hombre cae al suelo y su vida se va al infierno.








Si te ha gustado…

Esta es la segunda parte de este ESPECIAL HALLOWEEN que he preparado para vosotros, espero que os haya gustado. Para escribir esta historia me he inspirado un poco en Poison Ivy y sus labios venenosos, pero también me he inspirado en la ironía de que una simple bibliotecaria, inocente y tímida, se vuelva en realidad una asesina seductora de hombres.
¿Conseguirá el jefe de policía Diego Santos atrapar a los asesinos? Y más importante aún, ¿conseguiremos resolver el misterio de las calabazas?
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.muysencillo.com