domingo, 15 de octubre de 2017

ESPECIAL HALLOWEEN: Seducción

Este pueblo me ha dado mucho, pero también me ha quitado mucho. Desde que mi marido me dejó, soy otra persona. Los habitantes de Lobo se alegraron muchísimo de que mi marido se fuera del pueblo, corrían rumores de que me pegaba, pero solo yo sé que eran ciertos.
El doctor Albert Mur me está ayudando mucho con mis problemas y suelo ir a verle a su consulta dos veces por semana:
—Hola Sara, ¿cómo te encuentras? — me pregunta nada más verme aparecer por la puerta.
—Mal, los sueños no cesan, las calabazas me persiguen — contesto asustada.
—Ya lo hemos hablado Sara, las calabazas no existen, son solo una forma que tiene tu cerebro de soportar el dolor de tu pérdida, ¿te tomas las pastillas?

—Cada noche, pero no me hacen efecto, tal vez si se aumentara la dosis…
Imagen sacada de: spice4life.co.za
—Sabes de sobra que eso no podemos hacerlo.
El silencio se hace en la habitación y aprovecho ese momento para colocarme bien las gafas y alisarme la falda para que no se me vea más allá de las rodillas.
—¿Qué tal van tus relaciones con los hombres?
—¿Relaciones? — pregunto tímidamente — no tengo ninguna.
—¿Sigues teniendo miedo de los hombres?
Me muerdo el labio con tristeza y aparto la mirada del doctor con lástima:
—Un poco, a veces.
—No debes de tenerles miedo, ellos no son como tu exmarido, hay algunos que sí, pero no todos son como él.
—Lo sé, pero es complicado.
—¿Por qué no lo intentas? Te propongo un ejercicio, quiero que esta semana hables con algún hombre, háblale del tiempo, de los libros que tienes en tu biblioteca, de lo que sea, ¿de acuerdo?
—Está bien, doctor, ¿y las calabazas?
—Olvídate de las calabazas, cada vez que sueñes con ellas cuenta hasta tres y cambia tu sueño, ¿entendido?
—De acuerdo, doctor, eso haré.
Salgo de la consulta con energías renovadas y me propongo hacer el ejercicio que me ha mandado el doctor, no sin antes apuntarlo todo en mi cuaderno para que no se me olvide nada:

“-Hablar del tiempo
-De mis libros en la biblioteca”

Entro de nuevo en mi biblioteca y me propongo recoger los libros sueltos que la gente ha dejado en mi mesa. La campana de la entrada suena y descubro en el umbral de la puerta al jefe de policía de Lobo, el señor Diego Santos. Es un hombre de espeso bigote y rostro cansado, cuya vida en la ciudad le quemó tanto, que prefirió irse a vivir a un sitio más alejado y tranquilo como Lobo.
—Hola Sara, ¿algo nuevo por aquí? — me pregunta quitándose la gorra.
—No, señor — contesto sin mirarle a los ojos.
—Verás, han asesinado a una mujer a pocos metros de tu tienda, ¿te suena su cara? — me pregunta enseñándome una foto.
La foto de la mujer no me suena de nada, es una mujer de pelo negro perfecto, labios rojos y dentadura perfecta, todo lo que no soy yo. Niego con la cabeza y aparto rápidamente los ojos de la foto.
Siento cierta envidia de esas mujeres tan perfectas, de impecable gusto para vestir y curvas femeninas. Ellas lo tienen todo resulto, aunque parece ser, que la mujer de la foto en concreto, no las tenía todas consigo.
Tras una jornada de trabajo, cierro la biblioteca, todavía no me puedo creer que la señora Fort no me haya devuelto Cumbres Borrascosas, mañana me tocará ir a visitarla de nuevo y pedirle que me devuelva el ejemplar. He llegado a pensar que lo hace a propósito, que ella solo lo hace para que vaya a verla y cotillear toda mi vida.
Llego a casa cansada y me tumbo en la cama al poco de entrar, el cansancio se apodera de mí.
Calabazas, más y más calabazas. Las calabazas me persiguen me piden que me una a ellas que tienen un sitio para mí. Me muestran imágenes obscenas y se burlan de mi timidez. Grito.
Me despierto en la noche con un grito de terror. Las calabazas han vuelto a por mí. Me levanto de la cama y me doy una ducha. Me arreglo para salir, me pinto los labios de rojo como la chica muerta que me enseñó el policía.
Me pongo un vestido, uno muy escotado que me regaló mi madre por mi cumpleaños. Estoy lista. Salgo de casa, no sé a dónde voy, pero mis pasos me guían.
No tardo mucho en llegar al bar, un bar de mala muerte a las afueras del pueblo. Hay poca gente, pero la poca que hay da miedo. Solo hay hombres, noto sus miradas nada más verme entrar, pero ellos no son mi objetivo.
Mi objetivo es un tipo alto y guapo de la barra, voy hacía él y me siento a su lado. No tarda en invitarme a una copa y charlamos. Me muerdo el labio y sonrío. Es mío.
Me invita a su casa y yo le sigo, él cree que esta de suerte esta noche, pero lo que no sabe es que yo tengo otras intenciones. Le beso, le beso una y otra vez y al poco de hacerlo, sus labios empiezan a arder.
El ácido de mi pintalabios ha surtido efecto, él grita pero no le sirve de nada, el ácido ya ha comenzado a comerse su carne y yo, inmune a mi propio veneno gracias a la vacuna que me tomé antes de salir, sonrío, me río alocadamente mientras mi víctima lucha por su vida.
El hombre cae al suelo y su vida se va al infierno.








Si te ha gustado…

Esta es la segunda parte de este ESPECIAL HALLOWEEN que he preparado para vosotros, espero que os haya gustado. Para escribir esta historia me he inspirado un poco en Poison Ivy y sus labios venenosos, pero también me he inspirado en la ironía de que una simple bibliotecaria, inocente y tímida, se vuelva en realidad una asesina seductora de hombres.
¿Conseguirá el jefe de policía Diego Santos atrapar a los asesinos? Y más importante aún, ¿conseguiremos resolver el misterio de las calabazas?
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.muysencillo.com

domingo, 8 de octubre de 2017

ESPECIAL HALLOWEEN: La Calabaza

El pueblo de Lobo es conocido por su tranquilidad, por su hospitalidad y sobre todo por su gran paisaje, justo lo que necesito ahora. Tras salir derrotado de la gran ciudad, un tiempo tranquilo es lo que más me hace falta.
Nada más instalarme en mi nueva casa, soy hospitalariamente recibido por la señora Alba Fort, una ancianita con un gran gusto para las tartas.
—No tenía por qué molestarse, señora Fort — digo cogiendo la preciosa tarta de bienvenida.
—¡Tonterías! Hace siglos que no viene gente nueva a este pueblo, es agradable tener la mente ocupada, ¡aunque sea solo para hacer tartas!
La invito a pasar y nada más hacerlo, Alba lo inspecciona todo, como si fuera su propia casa.
Imagen sacada de: www.natursan.net
—Pondré agua a calentar — digo entrando en la cocina.
Con mucho cuidado, corto dos trozos de tarta y preparo el té para mi invitada. Sospecho que Alba no ha venido aquí solo para darme la bienvenida, también ha venido a cotillear y revolverlo todo.
—¿Está bien? — pregunto desde la cocina al oír el ruido de los cajones de los armarios abrirse y cerrarse.
—¡Muy bien! — me contesta.
La señora Fort va muy arreglada, con su collar de perlas, su blusa estampada y su falda plisada. Su cuidado moño recupera la elegancia que solo las personas de su edad tienen.
—Dígame, señor Camps, ¿qué le ha hecho venirse a Lobo? — me pregunta desde el umbral de la puerta.
—Es complicado, antes vivía en la ciudad y la verdad, esa vida de estrés y disgustos continuos me desanimó un poco. Ahora prefiero vivir en paz, en un sitio tranquilo, por eso me he venido aquí.
—Le despidieron de su trabajo, ¿verdad?
—¿Cómo lo sabe? — pregunto sorprendido.
—Debe disculparme, señor Camps, pero he investigado un poco sobre usted, sé que era un empresario de una gran empresa, pero que le despidieron por tomar una mala decisión que hizo perder a su empresa millones.
—Vaya, sí que ha investigado sobre mí — contesto un poco molesto.
—No se preocupe, señor Camps, en Lobo será muy feliz, tenemos un gran departamento de policía, seguridad en las calles y médicos que podrán ayudarle en todo lo que necesite. Por ejemplo, el señor Albert Mur es un gran psicoterapeuta que podrá ayudarle a superar todos los traumas que tenga, es experto en interpretar los sueños y…
—Gracias, señora Fort, pero no necesito un loquero.
Tras la desagradable merienda con la cotilla del pueblo, opto por dormir, el viaje hasta Lobo ha sido muy duro y la compañía, aunque amable, ha resultado ser un poco molesta.
En mi sueño estoy en Lobo, pero un Lobo mucho más tétrico y siniestro. Una ligera niebla cubre mis pies y los árboles fantasmagóricos custodian el camino. Camino en medio de la carretera principal del pueblo, a mi derecha y a mi izquierda están las casas de mis vecinos.
Es entonces cuando empiezan a aparecer, calabazas y más calabazas se van amontonando más y más a medida que me voy acercando al centro del pueblo.
Una calabaza gigante me impide el paso, la cojo con mis manos y grito de terror al ver la cara de la señora Fort grabada en el fruto. Todas las calabazas tienen las caras de mis vecinos grabadas en su corteza.
De pronto, la calabaza de la señora Fort se me escurre y ésta se rompe en mil pedazos al llegar al suelo.
Me despierto en mitad de la noche gritando, una capa de sudor frío me recorre el cuerpo y un extraño líquido amarillo ha manchado mi cama. No me meaba en la cama desde que era pequeño. Voy al baño a lavarme la cara y tranquilizarme.
Este sueño no ha sido un sueño normal. Un nombre me viene a la mente en ese preciso instante: Albert Mur, el loquero descifra sueños que me dijo la señora Fort.
Decido ir a verle a la mañana siguiente. Intranquilo, espero en la sala de espera de su consulta, nervioso por lo ocurrido y por lo que me vaya a decir el doctor. La secretaria me hace señas para que entre y tembloroso obedezco.
Albert Mur es un hombre de media edad, de pelo gris y canas encima de las orejas, a pesar de sus incipientes arrugas, todavía puede resultar atractivo.
—Siéntese señor Camps, ¿qué le pasa? — me pregunta.
Unas hojas encima de su mesa me perturban, me asustan y me hacen temblar. Su escritorio está lleno de dibujos de calabazas.
—Las calabazas… — susurro — ¿qué son esas calabazas?
—Perdone, se me olvidó recoger, es de mi paciente anterior, discúlpeme.
—Esas calabazas son iguales a las de mi sueño — susurro.
El doctor se frena en seco y me mira de reojo con cara de miedo:
—¿Está seguro? ¿ha soñado con estas calabazas?
—Sí — contesto dubitativo — ¿qué me pasa, doctor?
—No eres el primero que sueña con las calabazas, en este pueblo todos sueñan con ellas.
—¿Y qué significa?
—Depende de lo que signifiquen para usted.
Tras una extraña, pero interesante reunión con el doctor Mur, me vuelvo a casa. Es de noche, no sé qué hora es, pero sí sé que eran las seis de la tarde cuando entré en su consulta, debo de llevar horas allí y no me había dado ni cuenta.
Tengo una sensación extraña, estoy desorientado, distraído y no sé muy bien a dónde voy. Sin embargo, todas mis dudas se aclaran cuando la veo, una mujer con los zapatos rojos. Resuenan sus tacones al andar y no puedo apartar la mirada de ellos, son hipnóticos.
Con sigilo, me acerco a ella, no hay nadie en la calle, solo estamos ella, sus zapatos y yo. La luz de la farola más cercana parpadea. Es el momento.
Antes de que pueda reaccionar, antes de que pueda pronunciar cualquier palabra, la golpeo en la cabeza con una piedra. Ella cae inconsciente al suelo y al hacerlo, aprovecho mi oportunidad. La golpeo una y otra vez con la misma piedra hasta asegurarme de que está muerta, desconozco cómo ha llegado la piedra a mis manos, pero sé qué tengo que hacer con ella… porque la calabaza me lo dijo.







Si te ha gustado…

Para escribir esta historia me he inspirado en la película de la Cuarta Fase y en un artículo de La Vanguardia que habla sobre los sueños y que mucha gente sueña con el mismo hombre una y otra vez.
Esta es la primera parte de una historia de cuatro relatos. Por favor, no te pierdas las otras tres historias, porque te dejarán sin habla.
Disfruta de este ESPECIAL DE HALLOWEEN y… no sueñes con calabazas.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: es.pinterest.com

domingo, 1 de octubre de 2017

Los Sueños de la Realidad

Otro día rutinario más, levantarse por la mañana, ducharse, desayunar e ir al trabajo. Cada día me parece igual que el anterior y aquí sigo, en una empresa que no me satisface pero que al menos me da una buena compensación económica todos los meses.

Salgo de casa medio dormido, con un café en una mano y el maletín en la otra. Al principio no me doy cuenta, estoy tan absorto en mis pensamientos que no me fijo en mi alrededor, sin embargo, después de mi segundo sorbo de café lo veo, no hay nadie en la calle, ni gente corriendo de un lado para otro porque llega tarde al trabajo, ni coches pitando en un atasco descomunal.
Imagen sacada de: 2.bp.blogspot.com
Mi primera impresión es que me he equivocado de hora y he salido demasiado pronto, pero el sol está demasiado alto como para que se deba a eso. Después pienso en que me he equivocado de día, que yo pensaba que era miércoles, pero que en realidad es sábado, pero el calendario de mi móvil descarta esa posibilidad.
Todavía confuso, decido seguir mi camino y llegar al trabajo. En las oficinas no hay nadie, ni Clara, la amable recepcionista, ni Dani, mi mejor amigo y compañero de trabajo, ni siquiera el señor Sendra, el jefe la empresa. Miro el reloj de mi despacho e indica la misma hora que mi móvil, las diez y media. ¿Qué está pasando? ¿será festivo y no me habré dado cuenta?
Espero una hora y como sigue sin aparecer nadie, opto por volver a casa y dormir todo lo que no he podido dormir esta semana. Llamo a Dani en el camino de vuelta, pero no me lo coge, llamo a mis padres, pero tampoco me lo cogen. Extrañado entro en casa y me quito el traje, probablemente todos estén dormidos o descansando. Me tumbo en la cama y no tardo en ponerme a soñar.
Estoy atado de pies y manos a la pared, como en una cápsula de refrigeración, desde mi posición puedo ver más cápsulas como la mía y dentro de ellas, hay gente. Con mucha dificultad, consigo quitarme las ataduras que me oprimen y abrir la puerta de la cápsula de un empujón.
El pasillo en el que estoy metido es largo y está lleno de cápsulas en ambas paredes. Los seres que contienen esos frigoríficos son completamente extraños para mí, sin embargo, hay una mujer humana entre ellos, el único ser que reconozco.
Tengo frío, la cápsula me ha dejado congelado y solo tengo un triste calzoncillo blanco con el que taparme. En la oscuridad del pasillo pienso en mis posibilidades. No pienso dejar a la mujer atada y amordazada ahí, así que intento liberarla. Me cuesta enormemente abrir la capsula, tengo los dedos congelados y apenas tengo fuerza en los brazos, pero tras muchos intentos, lo consigo.
La mujer no solo está atada, tiene tubos por todas partes, al igual que tenía yo. De una especie de gorro salen infinidad de tubos y decido que eso es lo primero que tengo que quitarle. Nada más quitárselo, la mujer se despierta y asustada intenta hablar tras la mordaza de su boca.
—Tranquila, he venido a salvarte — intento tranquilizarla.
Le quito la mordaza con cuidado de no hacerla daño y nada más hacerlo me habla:
—¿Dónde estamos? ¿qué es este sitio? ¿quién eres tu?
—No sé donde estamos — contesto desatándola — me he despertado en una de estas cápsulas igual que tú.
—Debemos salir de aquí
—Sí, debemos.
—¿Qué son todos esos seres? — me pregunta mirando a las demás cápsulas.
—No tengo ni idea, pero hay dos de cada raza.
Después de desatarla, decidimos investigar, ella está temblando, solo tiene una camiseta mojada y unas bragas como única ropa. Intento taparla con mis brazos mientras andamos, aunque sé que eso no es suficiente.
Las luces se van encendiendo a medida que andamos, como si nos indicaran el camino que debemos seguir.
“Bienvenidos al puesto de mando” — dice una voz electrónica cuyo origen desconocemos.
Unas puertas, parecidas a las de los ascensores, se abren. Todavía tiritando, entramos en la estancia que nos abre y ahí descubrimos a unos seres extrañamente uniformados que nos observan, pero eso no es lo que más nos impresiona, detrás de ellos hay un cristal y tras ese cristal, podemos ver el espacio.
—¿Dónde estamos? — pregunto con voz temblorosa.
—Estáis en vuestro nuevo hogar. — contesta el jefe de ese extraño grupo de alienígenas.
—¿Qué hacemos aquí? ¿esto es un sueño verdad?
—Veréis, ahora mismo estáis viviendo el mundo real, el mundo imaginario en el que os hicimos dormir, esa vida rutinaria de oficina en la que os metimos, solo era una forma de haceros aguantar el viaje hasta este momento.
—¿Qué momento? — pregunta la chica tan asustada como yo.
—Vuestro mundo ya no existe, fue destruido por una erupción solar, pero mi pueblo consiguió salvar a un hombre y a una mujer de vuestro planeta e impedir de esta forma que vuestra raza se extinga y lo mismo ocurre con el resto de seres que ocupan las demás cápsulas.
—Pero si hace un momento estaba en casa, durmiendo y confuso porque no había nadie en la calle, ¿eso era un sueño?
—Sí, lo era. Ahora mis compañeros os indicaran el camino, hemos encontrado un mundo nuevo que se adapta a la perfección a vuestras necesidades, os enviaremos allí y juntos podréis repoblar vuestro planeta.
No sé que es real y qué no lo es, antes de que podamos darnos cuenta, la chica y yo ya estamos en ese nuevo planeta y la nave desaparece. A nuestro alrededor, la tierra rebosa vida y un gran manzano se alza entre la maleza.
—Creo que con tanto jaleo no me he presentado, Me llamo Adán. — me presento.
—Eva.






Si te ha gustado…

¿Cómo sabemos que lo que vemos a nuestro alrededor es real? ¿Qué los hombres y mujeres que nos rodean no son fruto de nuestra imaginación? He descrito un mundo en el que el mundo solo está en la cabeza de una persona y que cuando esta se despierta descubre que nada existe. Para hacerlo me he inspirado en Matrix, por supuesto y también un poco en Señales del Futuro.
Quiero que después de leer esto pienses una cosa, tal vez el pasado que nos han contado (Adán y Eva) no ha pasado aún, tal vez tú seas nuestro pasado.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.mujeresfelices.org

domingo, 24 de septiembre de 2017

Sin Raíces

Primera semana:

Querido diario,

Mis vacaciones en Tailandia han sido extraordinarias y he conseguido llevarme muchos buenos recuerdos de allí, que sé que me durarán toda la vida: la figura del elefante, joyas y un montón de ropa, aunque el objeto más interesante que he conseguido de Tailandia ha sido sin duda una semilla de alguna fruta exótica.
Nadie me ha sabido decir de qué clase de planta pertenece esa semilla y eso es lo que la hace tan original. Nada más llegar a casa me he comprado una maceta para plantar la semilla, así, de esta forma, no solo me recordará mi viaje cada vez que vaya a regar la planta, sino que además, cuando crezca, podré averiguar su origen.

¡Estoy muy emocionada!
Imagen sacada de: www.taringa.net

Segunda semana:

Querido diario,

¡La planta está creciendo! Esta mañana al despertarme, he visto que ha salido un pequeño y débil tallo verde de la maceta, aunque siempre se me ha dado mal cuidar plantas y siempre se me han acabado muriendo, ésta parece florecer con mis cuidados.
Seguiré regando la planta dos veces a la semana y la dejaré al lado de la ventana para que reciba un poco la luz del sol. Más adelante, cuando sepa qué tipo de planta es, investigaré cuales son los cuidados específicos que hay que llevar.

Tercera semana:

Querido diario,

La planta crece a un ritmo extraordinario, ya se pueden vislumbrar sus hojas y flores y el tallo que antes se parecía más a una brizna de hierba que a un tallo, se ha fortalecido.
Dado que ya se pueden apreciar mejor sus exóticas cualidades, he intentado investigar qué tipo de planta podría ser y aunque hay opciones posibles: la Rafflesia Arnoldii o la Hydnora africana, ninguna de esas opciones es claramente igual a mi planta.

Cuarta semana:

Querido diario,

Esta noche he invitado a mis amigos a cenar y lo primero en lo que se han fijado todos ha sido en la planta, todos han mostrado un gran interés en ella y en su origen. Seguimos sin saber qué planta es, lo que me está resultando un poco frustrante.
Sin embargo, mis amigos y yo estuvimos bromeando sobre cómo podríamos llamarla y aunque hubo divertidas alternativas que nos hicieron reír a todos, al final decidimos que lo más apropiado sería llamarla: “Sin raíces”.

Quinta semana:

Querido diario,

La planta no deja de crecer, he tenido que comprar otra maceta más grande y trasladarla al salón, ya que la encimera de la cocina se le estaba quedando pequeña.
Sin raíces tiene un aspecto un poco extraño y siniestro, con flores rojas y pétalos que simulan dientes, aunque lo más inquietante es el grosor de su tallo y el tamaño de las flores que pueden llegar a medir medio metro de ancho.
No estoy segura de sí este repentino crecimiento de Sin raíces me convence o no.

Sexta semana:

Querido diario,

La planta ha trepado por la pared. Miles de millones de ramitas se han extendido por toda la pared del salón apoderándose de él y sus amenazadoras flores no han dejado de soltar extrañas esporas por la noche, creando así un pequeño ecosistema en mi casa.
Sin embargo, lo que más me preocupa es el bulto, una especie de bolsa viscosa se ha creado en el centro de la planta y da la sensación de que tiene líquido dentro que podría manchar mis muebles.
He llamado a mi amigo el jardinero para que me dé consejo y me ayude a quitar las ramas de la pared.

Séptima semana:

A quién me escuche,

No era una planta, Sin raíces no era una planta. El bulto que tanto me preocupaba, no estaba relleno de líquido sino de un ser, un monstruo que se ha ido alimentando de la planta hasta estar preparado.
Si estás leyendo esto, estás en peligro, sal corriendo de aquí antes de que la planta te atrape y si encuentras a ese ser, mátalo, o te matará él a ti.
Yo tardé en darme cuenta de mi error y cuando quise darme cuenta, la planta ya me había atrapado, ahora estoy prisionera entre sus raíces, atada a la pared y sin escapatoria.
La planta come carne humana.








Si te ha gustado…

Para escribir esta historia me he inspirado en la planta de mi casa, hace cosa de un año me regalaron una “Flor de Pascua” y a pesar de que no soy muy buena cuidando plantas, mi planta no deja de crecer.
Espero que no me pase lo mismo que la protagonista de esta historia, pero… ¿quién sabe?
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: culturageek.com.ar

domingo, 17 de septiembre de 2017

El Paciente Cero

La primera vez que le vi, no me pareció un hombre, mis compañeros me insistieron mucho en eso. Un hombre, un monstruo, que abandonó todos sus derechos y libertades cuando asesinó a todas esas personas.

Le condenaron a muerte, pero ese no fue su final, su cuerpo fue donado a la ciencia, a nosotros. Cuando conseguí este empleo, su cuerpo moribundo había sufrido muchos cambios y ya parecía más un animal que un ser humano. Le utilizaban como rata de laboratorio, le hacían prueban y le medicaban constantemente.
Imagen sacada de: es.globedia.com
Tenía moratones y sarpullidos por todo el cuerpo, estaba extremadamente delgado y tenía unas ojeras enormes. Sin embargo, lo más impactante de él, eran sus ojos. Su iris era blanco y brillaba como el nácar, se decía que podía percibir cualquier ligero cambio de su entorno y que podía ver en la oscuridad. Sus sentidos, estaban mucho más desarrollados que los nuestros.
Ante la carencia de resultados favorables, me llamaron a mí, una psicóloga de renombre, con la esperanza de que le devolviera a aquel hombre las ganas de vivir.
—Hola Marte, soy la doctora Eli Clark, he venido a ayudarte — me presento.
La sala blanca en la que me encuentro, carece de decoración alguna, no hay ruido, no hay ningún cambio en el ambiente. Las cuatro paredes que retienen a mi paciente, iluminadas por fluorescentes, nunca han conocido la palabra comodidad.
Mi paciente sigue tumbado en el suelo, moribundo, con la mirada perdida y totalmente ajeno a mis palabras.
—Dime, ¿por qué te llaman Marte? — digo intentando provocar algún tipo de reacción.
Por un segundo empiezo a pensar que el paciente ya está muerto, pero entonces percibo un ligero parpadeo en sus ojos.
—Entiendo que no quieras hablar, pero quiero que sepas, que mi única intención es la de ayudarte y que a partir de ahora, las cosas empezarán a mejorar.
Tras mucha espera y sin resultados, vuelvo a casa cansada, con la esperanza de que mañana sea mejor. Paso los debidos controles y llego al descampado de los laboratorios, éstos están rodeados de unas vallas y tras ellas, ya en el exterior, me sorprende ver a una mendiga mirando tras las rejas el edificio en el que trabajo.
—Señora, no puede estar aquí, esta es una zona restringida.
—Son todos unos mentirosos, unos falsos — murmura la mendiga.
—Señora, ¿me oye? — digo acercándome a ella.
De pronto, la vagabunda me sujeta por los brazos y me mira fijamente dejando apenas dos palmos de distancia entre nuestras caras:
—No confíe en ellos, todo lo que dicen son mentiras.
Con mucho esfuerzo, consigo soltarme de sus manos y salgo corriendo hacia casa.
A la mañana siguiente, me sorprende conseguir que el sujeto coma algo, su huelga de hambre iba a conseguir matarle. Mis jefes están orgullosos de mis resultados y me han invitado a comer para hablar de mi futuro.
—Parece que su ayuda está consiguiendo resultados — dice el doctor Earl.
—Eso parece, señor — digo aceptando orgullosa su generosa copa de vino.
—¿Cuándo cree que empezará a hablar?
—Es difícil de predecir, señor.
La imagen de la vagabunda vuelve a nublar mi mente y una pregunta aparece en mis labios:
—Disculpe, señor, pero, ¿qué hace ahí esa mendiga? La vi ayer al salir del trabajo y hoy la he vuelto a ver cuando he venido.
—¿Mendiga? ¡ah si, la señora Larson! Espero que no le haya incomodado su presencia, está obsesionada con estas instalaciones, insiste en que su hijo está aquí, secuestrado o algo parecido, pero en fin, ¿qué más da? Está loca.
Por una extraña e incoherente razón, al salir del trabajo, decido acercarme de nuevo a ella, no muy segura de estar haciendo lo correcto:
—¿Señora Larson? — me atrevo a preguntar.
La mendiga me mira sorprendida, como si su nombre no fuera más que un recuerdo de una época pasada.
—Tienen a mi hijo — murmura.
—Lo siento, señora Larson, pero su hijo no está aquí — insisto.
—Le secuestraron cuando era tan solo un bebé, dijeron que era peligroso, que sus brillantes ojos blancos los cargaba el diablo.
—¿Ojos blancos?
Un escalofrío recorre mi espalda, solo hay un ser en todo el planeta que tiene esos extraños ojos blancos.
—Marte, le llaman, porque dicen que viene de ese planeta — se ríe la anciana.
—Discúlpeme — digo antes de marcharme.
El simple conocimiento del nombre de Marte, me dice que la mendiga sabe algo que yo desconozco. Vuelvo al trabajo movida por un impulso y con la excusa de que se me ha olvidado algo en el laboratorio, entro a hurtadillas en el despacho del doctor Earl.
Busco entre sus informes y descubro la verdad. Marte no es un asesino perdonado del corredor de la muerte, fue secuestrado al nacer por presentar una anatomía distinta al resto. Entre el informe de Marte, hay más, más personas que presentan los mismos ojos blancos del sujeto, muchas más personas que han nacido con las mismas características que mi paciente.
Movida por la verdad, decido sacar a Marte de las instalaciones, liberarle. Entro en su cárcel y veo en sus ojos el mismo miedo que tantas veces ha mostrado.
—Hola Marte, soy Eli, he venido a sacarte de aquí.
Con su brazo sobre mis hombros consigo sortear a los guardias. Sin embargo, todo se acaba cuando dos guardias armados se interponen en nuestra salida.
De pronto, Marte levanta la mano y apunta a los guardias con ella, mirándoles fijamente a los ojos. Los guardias sueltan las armas y se sujetan los cuellos como si una mano invisible les estuviera ahogando. Al cabo de unos segundos, los guardias caen muertos.
—¡Doctora Clark! — grita el doctor Earl detrás de mí — ¿por qué hace esto?
—Lo he visto, he visto lo que les hacen a los niños que hacen con los mismos ojos blancos de Marte. Sé que son diferentes, pero tal vez sea un paso más en la evolución humana, ¡no tienen por qué morir!
—Señora Clark, no lo haga, no le libere.
Suelto el brazo de Marte y veo como este desaparece por la puerta de salida.
—¡Pero qué ha hecho! — grita el doctor Earl.
—Marte no ha hecho nada malo, es un ser humano y tiene derechos.
—¿En serio? ¿usted cree? ¡mire lo que acaba de hacer!
Dirijo mi mirada a la dirección que marca la mano del doctor Earl y me sorprende ver a la señora Larson. Veo como ésta se quita la ropa de mendiga que lleva encima, dejando verse ropa normal de calle, se quita la peluca, mostrando así su perfecta melena rubia y se quita las lentillas, enseñándonos a todos sus inquietantes ojos blancos.





Si te ha gustado…

Esta historia al más puro estilo “Más allá del límite” o “Black Mirror” nos enseña una moraleja, las apariencias engañan. La doctora Eli Clark, creía que estaba salvando a un hombre que había nacido diferente, pero en realidad, el nombre de Marte no se lo dieron por ser un hombre peculiar, sino por ser de ese mismo planeta.
Ten cuidado con la gente que vaya “dando pena”, porque muchas veces, tienen intenciones ocultas.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: mundodapsi.com

domingo, 10 de septiembre de 2017

El Asesino

Jamás pensé que pasaría las primeras pruebas. Con la entrevista personal pensé que me descartarían, pero no fue así. Ahora estoy esperando para la prueba final, la llamada Dinámica de Grupo.
La sala de espera resulta sospechosamente tranquila, un hilo musical relaja la estancia, mientras unas revistas adornan la mesa más cercana. Hay otras personas en la sala y me pregunto si serán mis oponentes. Al fin y al cabo, solo una persona saldrá de aquí con un puesto de trabajo.

Nos ofrecen a todos café y té lo cual nos relaja bastante para lo que está por venir. Después de media hora, nos empiezan a llamar, uno a uno vamos pasando, hasta que al final me reúno con ellos en una sala con una larga mesa en el centro. Todos se sientan alrededor de dicha mesa, así que yo hago lo propio.
Imagen sacada de: mx.canalaetv.com
Al cabo de unos minutos, un hombre entra en la sala con una Tablet entre las manos, por su desparpajo parece estar al mando:
—Bienvenidos, todos ustedes han sido cuidadosamente escogidos para cumplir los objetivos de la empresa. Todos son perfectamente válidos para cumplir nuestras expectativas. Sin embargo, necesitamos una comprobación más, necesitamos ver cómo interactúan con otras personas. De ahí que todos hayáis tenido que firmar este contrato de confidencialidad y conformidad con la siguiente prueba psicológica.
—Respecto a ese contrato de confidencialidad, hay una cláusula que me preocupa — interrumpe una de las candidatas.
—¿Sí? ¿cuál de ellas?
—La de que si nos ocurre algo durante la prueba, la empresa no se hace responsable.
—Así es, si ocurre algún accidente durante la prueba la empresa no será responsable, si no está conforme con esto, ahí tiene la puerta — dice el instructor señalando fríamente la puerta por la que hemos entrado.
La candidata rehúsa la invitación del responsable y con ello, empieza la prueba:
—Os vamos a dar a todos un papel, dentro del papel podréis ver vuestro perfil y con ese perfil tendréis que actuar en consecuencia.
Una de las empleadas se pasa por nuestro lado con un cuenco lleno de papeles doblados. Uno por uno, vamos cogiendo uno de los papelitos del cuenco y tras asegurarnos de que nadie nos mira, abrimos el papel.

“Víctima nº4”

Me aterro al leer en el papel esas dos únicas palabras, pero intento mantener la calma y esperar a la explicación de la prueba:
—Bien, el juego es el siguiente — nos sigue explicando el entrevistador — en esta sala hay un asesino, debéis averiguar quién es antes de os elimine como amenaza. Recordar, el tiempo corre, cada veinte minutos si no habéis averiguado quién es el asesino, morirá alguien. La única regla que hay es esta: una vez empiece la prueba, nadie podrá salir de ella hasta que termine. ¿Alguna pregunta?
Nadie dice nada, aunque todos tenemos preguntas que hacer. El miedo y la presión de la prueba nos impide decir nada.
—En ese caso, buena suerte.
Tanto el entrevistador como la empleada desaparecen por la puerta, dejándonos a los candidatos a solas es una sala tan vacía como su decoración.
En los primeros minutos nadie habla, nadie está seguro de cómo empezar. Sin embargo, un hombre rubio y aspecto desenfadado es el primero en hablar:
—Bien, empecemos, os diré quién creo que es el asesino, yo creo que el asesino eres tú — dice señalando a la mujer más mayor de la sala.
—¿Yo? ¿por qué yo?
—Porque has reaccionado de manera muy extraña cuando has visto lo que está escrito en tu hoja.
—Yo no he reaccionado de ninguna forma — protesta la mujer.
Pasa el tiempo y aunque hay muchas acusaciones nadie se pone de acuerdo en acusar a nadie de ser el asesino. Miro el reloj con preocupación y descubro que ya han pasado veinte minutos.
—¡Chicos mirad! — exclamo.
Todos miran el reloj y se dan cuenta de lo que quiero decir.
—Bueno, ¿quién es la primera víctima? ¿quién se ha quedado sin empleo? — dice animadamente el rubio.
De pronto, la mujer que acusaron por primera vez de ser la asesina se pone blanca. Empieza a toser con dificultad como si le faltara el aire y una espuma blanca le empieza a salir por la boca. Intentamos ayudarla, pero cuando queremos darnos cuenta, ya está muerta.
—Mirad su papel, ponía “Víctima nº1” — dice el candidato afroamericano.
Por un momento mi corazón deja de latir, el aire deja de entrar en mis pulmones y el miedo empieza a apoderarse de mí.
—De acuerdo, creo que hay una manera muy sencilla de saber quién es el asesino — digo — mostrar todos vuestro papel.
Todo el mundo obedece y enseña a los demás lo que pone escrito en el papel que escogieron: Victima nº2, víctima nº5, víctima nº8, pero ningún asesino. Nadie tiene en su papel escrito Asesino.
—¿Cómo es posible? — pregunta una de las candidatas.
—Porque el asesino no somos ninguno de nosotros — contesto.
—Pero han dicho que hay un asesino esta sala.
—Sí y es un asesino silencio, tan silencioso como el veneno — contesto mirando a la cámara desde donde nos observa el entrevistador.
—¿Veneno? ¿cuándo nos han inyectado veneno?
—¡En el café! — exclama uno — ¡en el café antes de entrar en esta sala!
—¿Por qué harían esto?
Intento pensar en lo ocurrido desde que entré aquí. En toda la empresa, solo recuerdo haber visto a dos personas: la empleada y el entrevistador. Recuerdo lo que pensé al saber dónde se haría la entrevista, en lo apartado que estaba el sitio, lejos de la ciudad y de la gente y entonces ato cabos.
—Porque esto no es una entrevista de trabajo — contesto segura de mis palabras — estamos encerrados aquí, somos los rehenes y el único asesino que hay, es el sociópata que nos observa a través de la cámara, ya le habéis oído, esto es un juego, un juego para él.







Si te ha gustado…

Para escribir esta historia me he inspirado en dos películas: Saw y After the Dark. Me he inspirado en Saw porque al fin y al cabo son un grupo de personas que acaba siendo prisionero de un psicópata, pero también me he inspirado en After the Dark, una película dónde se habla sobre todo de “juegos psicológicos”.
La moraleja de esta historia es: “ten cuidado de dónde haces una entrevista de trabajo porque puedes acabar muerto”. Al anunciarnos con nuestros currículums no solo estamos llamando la atención de las empresas sino de todo el mundo y esto puede caer en malas manos.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: noticias.universia.es

domingo, 3 de septiembre de 2017

Conexión Humana

Desde pequeña he crecido con una única idea, conocer a mi Predestinado, esta idea puede que haya sido fomentada por mis padres, ya que trabajan en Predestinium, una empresa que se encarga de unir a las personas.

El concepto de Predestinium apareció hace algunos años cuando un científico, Adolf Kurt, descubrió algo asombroso. Los humanos tenemos algo único en nuestro ADN, una esencia que nos identifica, esa esencia está dividida en dos cuerpos, el de un hombre y el de una mujer. Solo un hombre y una mujer en todo el mundo pueden tener la misma esencia. Poco después, se descubrió que esa esencia era mucho más importante de lo que nos imaginábamos, unía a las personas como dos almas gemelas.
Imagen sacada de: listas.20minutos.es
Ya no hacía falta tener muchas relaciones de pareja para conocer a tu alma gemela, Predestinium te dice quién es tu Predestinado y tú solo tienes que presentarte. Los divorcios se redujeron a cifras insospechadas y aunque hubo ciertos despidos debido a escasez del negocio de los divorcios, la gente era más feliz.
Mis padres me llevaron a Predestinium siendo aún pequeña y me hicieron el estudio para descubrir quién es mi Predestinado. Mi alma gemela resulta ser un tal Tavin O’Connor, un irlandés de familia media cuya pasión es el rugby.
Mis padres se pusieron en contacto con su familia nada más descubrir la noticia y pactaron nuestra boda y encuentro para cuando tuviera dieciocho años. Ahora mismo tengo diecisiete años y me queda poco menos de un mes para cumplir los dieciocho.
Estoy terriblemente nerviosa, pero no soy la única:
—¿Y si no le gusto? — le pregunto a mi amiga Olivia.
—Ya, yo también me hago la misma pregunta, es demasiada presión para una chica dieciocho años tener que decidir a qué queremos dedicarnos y encima conocer a nuestro Predestinado.
El Predestinado de Olivia es coreano llamado Hyun Kim y al igual que todos, conocerá a su alma gemela el día del Encuentro.
—Los Predestinados no son más que una treta del gobierno, no existen — dice Eloy al pasar por nuestro lado.
—No le hagas caso — me susurra Olivia al oído — es un Durai.
—¿Un qué? — pregunto sin comprender.
—Un Durai, una persona que no tiene Predestinado.
—¿Cómo que no tiene Predestinado? ¡Todos lo tenemos!
—Sí, pero su Predestinada murió en un accidente de coche junto a sus padres.
Miro a Eloy con sorpresa y cierta tristeza, si no tiene una Predestinada se quedará solo para siempre, ya que nadie estará dispuesto a rechazar a su alma gemela para estar con él.
Me acerco a él y noto en sus ojos ese rechazo a todos los que tienen Predestinados.
—Yo… — empiezo a decir.
—Sé lo que vas a decirme, pero ahórratelo, no estoy solo en el mundo como todos los Predestinados creéis. Tengo una misión, como todos los de mi condición y si fueras lista, tú también la tendrías.
—¿Qué quieres decir?
—¿Nunca te has planteado por qué los gobiernos están tan interesados en que nos juntemos con nuestros Predestinados? ¿en por qué hay tantos Predestinados separados que no se pueden divorciar?
La campana del colegio suena y tengo que reunirme con mi familia y el resto de mis compañeros y sus familias en las gradas para la presentación del día del Encuentro.
—Tengo que irme — le digo a Eloy.
—Sí, deberías
—¿Tú no vienes? — pregunto sorprendida.
—No, no tengo a nadie con quién encontrarme.
—Y ¿qué vas a hacer?
—Me quedaré aquí, tengo que reunirme con mi grupo, nos espera mucho trabajo por delante… — Eloy me mira dubitativo — tú puedes venirte si quieres, nos vendría bien tu ayuda.
—Debo reunirme con mi familia.
—Lo entiendo, pero piensa en lo que te he dicho cuando vayas a conocer a tu Predestinado, tal vez la persona que creías que era tu alma gemela no es más que una persona corriente. Por si cambias de idea, te esperaremos hasta las diez en punto, pasado ese tiempo si no estás aquí, entenderemos que has preferido quedarte con tu Predestinado en vez de averiguar la verdad.
Entro en la sala con la idea de Eloy rondándome por la cabeza, ¿y si tiene razón? ¿y si hay una razón oculta para esto?
—Mira —me susurra Olivia a mi lado — ahí llegan los predestinados, ¿Quiénes de esos chicos serán los nuestros?
Observo a los chicos y chicas de diferentes nacionalidades y culturas llegar al gran salón y ponerse en las gradas de la derecha. Busco con la mirada a algún chico con pinta de irlandés y aspecto de que le guste el rugby, pero no lo encuentro.
—Bienvenidos chicos y chicas al día del Encuentro — nos anuncia la directora Coy — hoy estamos aquí para rendir homenaje a Adolf Kurt y su increíble hallazgo de unión.
Aunque el discurso de la directora Coy resulta interesante, yo solo puedo pensar en una cosa, la hora. ¿Qué es lo que de verdad quiero? ¿qué es lo que estoy buscando? Faltan apenas unos minutos para que sean las diez y no sé qué hacer. Por una parte si me voy y abandono a mi Predestinado tal vez me haya condenado a ser un Durai y vivir sola para siempre, pero por otro lado, si Eloy tiene razón y hay un motivo oculto y oscuro por el que estamos aquí, viviré un engaño.
Un impulso me guía, un impulso me hace levantarme de la silla y abandonar la sala. Eloy está con los otros Durais reunidos en el patio de recreo, me sonríe al verme y noto que me reconforta.
—Al final has decidido venir — me dice con una sonrisa.
—¿Qué es lo que ocurre? ¿Qué motivo oculto puede tener el gobierno para esto?
—La genética, no nos unen porque seamos almas gemelas, nos unen para crear humanos genéticamente perfectos, perfectos para sus fines, para que seamos más dóciles y obedientes y les votemos en las elecciones. — me contesta una de las Durai.
—Vamos a desenmascararles y hacerles pagar por todo — interviene Eloy — ¿te apuntas?
Dudo unos segundos, pero la sonrisa de Eloy me hace decidirme:
—¿Cuándo empezamos?








Si te ha gustado…

La idea de este relato está inspirada un poco en Divergente y en Los Juegos del Hambre, ya que al igual que aquí, en esas sociedades distópicas los gobiernos intentan controlar a la gente por medio de grupos y separar a los humanos en clases.
La moraleja de esta historia es un poco romántica, no siempre lo que creíamos que era nuestra alma gemela lo es, a veces lo que tenemos delante de nuestros ojos es lo que nos corresponde.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.todamujeresbella.com